Es mejor un mal plan que no tener ningún Plan. Lo que pasa es que cuando el plan es muy malo, tal vez no sea suficiente y se requiera un Plan B. Así se lo ha hecho ver al Gobierno el Gobernador del Banco de España. Miguel Ángel Fernández Ordoñez.
Una vez más, la historia se repite. Todos están equivocados y el Gobierno tiene razón; todos se equivocaban cuando advertían sobre la llegada de la crisis; todos se equivocaban porque a España esa crisis no le iba a afectar; todos se equivocaban porque en España el paro no pasaría de los tres millones.
Y todos se equivocan hoy, cuando anuncian unas previsiones de crecimiento para la economía española en 2010 sensiblemente inferiores a las del Gobierno: el Banco de España, las Cajas de Ahorro, la Unión Europea, el FMI… Todos se equivocan.
Por si se diera el caso (que no se dará) de que sea el Gobierno (y no todos los demás) el que se equivoque, Miguel Ángel Fernández Ordoñez solicita un Plan B. Más que nada porque si no crecemos lo que prevé crecer el Gobierno en los Presupuestos, la recaudación va a ser sensiblemente inferior a la prevista…y mira por donde las cuentas no van a cuadrar. Da lo mismo ingresar diez mil millones más o diez mil millones menos….pero casualmente tenemos un pequeño problema de déficit y unos compromisos de reducción que hemos de alcanzar. Más que nada, por eso lo del Plan B. Porque (que no será el caso ZP…) si no crecemos y no ingresamos, más palmamos… más presión sobre la deuda…más caro nos va a salir colocarla (lo pagarán nuestros hijos, claro) y más nos acordaremos de los malditos mercados… especuladores. Fernández Ordóñez a dicho que «sería un error atribuir solamente a un comportamiento gregario de los mercados financieros los episodios de extraordinaria tensión de estos meses»
Conseguir que el déficit se quede en un 6% del Producto Interior Bruto no es un objetivo; es o si, o si. Si nos quedamos por encima, nos van a sacudir hasta en la sopa (y la multa de la UE será lo de menos).
El Gobierno ha sido veloz en responder. El secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña, aseguró en los pasillos del Congreso poco después de escuchar la propuesta que «no hace falta un plan B». Además, resaltó el «firme propósito» del Ejecutivo de «cumplir el objetivo de reducción del déficit», y que sus previsiones son «muy prudentes». ¡Salvados!
Pero hay un último factor, incontrolable hasta el momento, y que puede manda al carajo el Plan: la deuda de las Comunidades Autónomas y a los Ayuntamientos. Si no las metemos en cintura ya, lo vamos a pagar ¡muy caro!
Acaba el verano de 2008 y una palabra lo inunda todo: "crisis". Los alumnos preguntan sobre la "crisis"; los profesores hablan de "crisis"; los medios de comunicación bombardean con la "crisis"; y hasta me hijo de 7 años me pregunta, "papá, ¿qué es la crisis?". Ha llegado la hora de escribir un diario..porque... ¡Vaya crisis!
miércoles, 6 de octubre de 2010
lunes, 4 de octubre de 2010
¿El final de la recuperación?
En los dos anteriores post de este blog decíamos que, ante el desmesurado optimismo desatado en algunas filas, los datos no animaban, ni mucho menos, a hablar de recuperación económica.
Hoy hemos sabido que el número de parados aumentó en septiembre en 48.102 personas, hasta rebasar los 4 millones. ¿Se corresponde este aumento con la teoría de “un país en recuperación”?
Esta mañana nos hemos despertado en Bilbao con aguaceros y fuertes vientos. El verano queda atrás. Y con él los argumentos para los optimistas antropológicos que celebraban los 200.000 empleos creados cuando el sol calentaba las playas y llenaba los chiringuitos de turistas. Septiembre sería la prueba de fuego y el resultado ha sido (sorprendente para algunos) negativo. Es cierto que septiembre suele ser un mal periodo para el desempleo, pero este repunte del paro ha sorprendido hasta a los más fieles creyentes de la recuperación milagrosa (porque sería un milagro recuperar nuestra economía sin hacer nada por ello).
He leído a alguno de esos optimistas antropológicos que compara los 40.000 empleos perdidos en septiembre de 2010 con los 80.000 del año pasado. Se les olvida comentar que según ellos mismos, estamos en fase de recuperación (y después de haber tocado fondo, si estamos en franca recuperación no se debían haber destruido puestos de trabajo netos, a pesar de ser septiembre y el final del verano, como dice el Dúo Dinámico). Cierto es que de los 40.000 nuevos parados unos 50.000 proceden de los servicios (como corresponde al fin de la campaña de verano) y que la construcción y la industria han generado empleo (unos 15.000 entre ambos) pero no al ritmo esperado.
Analizando los datos suena una alarma: el aumento del número de parados entre los mayores de 25 años ha sido de un 0,6%. Entre los menores de 25 años, ¡un 6%! De los 40.000 nuevos parados más de la mitad, 25.000, son jóvenes para los cuáles las puertas de acceso al mundo laboral parecen selladas con la silicona que le sobró a los sindicatos el día de la huelga. Técnicamente se podría decir que cada recién licenciado en 2010 se ha convertido en parado.
Una economía que se recupera no incrementa en un 1,2% su número de parados en un mes. De nuevo por encima de la cifra psicológica de los 4.000.000 de parados y para más inri la Seguridad Social vuelve a perder afiliados.
Quiero completar este post con unos comentarios de Joseph Stiglitz, ex economista jefe del Banco Mundial (BM) y premio Nobel de Economía, en su libro "Freefall" (Caída libre), del que publica hoy un extracto el rotativo británico "The Sunday Telegraph":
"España podría estar entrando en el mismo tipo de espiral mortal que afectó a Argentina hace sólo una década". "España es víctima de "las reglas del juego", que le obligan a recortar su gasto, lo que casi con total seguridad conducirá a un incremento aún mayor del desempleo. La economía española se ralentizará, pero la mejora de su posición fiscal será mínima: con menor crecimiento, los ingresos por vía impositiva caerán, el gasto social -como el subsidio de paro- se incrementará y los déficit seguirán siendo altos. En estos momentos, España no ha sido atacada por los especuladores, pero puede que sea sólo una cuestión de tiempo"
Stiglitz considera que la raíz del problema para países como España o Grecia es que no pueden utilizar su divisa como un elemento de reajuste de sus economías, ya que el euro tiene un cambio fijo.
Hoy hemos sabido que el número de parados aumentó en septiembre en 48.102 personas, hasta rebasar los 4 millones. ¿Se corresponde este aumento con la teoría de “un país en recuperación”?
Esta mañana nos hemos despertado en Bilbao con aguaceros y fuertes vientos. El verano queda atrás. Y con él los argumentos para los optimistas antropológicos que celebraban los 200.000 empleos creados cuando el sol calentaba las playas y llenaba los chiringuitos de turistas. Septiembre sería la prueba de fuego y el resultado ha sido (sorprendente para algunos) negativo. Es cierto que septiembre suele ser un mal periodo para el desempleo, pero este repunte del paro ha sorprendido hasta a los más fieles creyentes de la recuperación milagrosa (porque sería un milagro recuperar nuestra economía sin hacer nada por ello).
He leído a alguno de esos optimistas antropológicos que compara los 40.000 empleos perdidos en septiembre de 2010 con los 80.000 del año pasado. Se les olvida comentar que según ellos mismos, estamos en fase de recuperación (y después de haber tocado fondo, si estamos en franca recuperación no se debían haber destruido puestos de trabajo netos, a pesar de ser septiembre y el final del verano, como dice el Dúo Dinámico). Cierto es que de los 40.000 nuevos parados unos 50.000 proceden de los servicios (como corresponde al fin de la campaña de verano) y que la construcción y la industria han generado empleo (unos 15.000 entre ambos) pero no al ritmo esperado.
Analizando los datos suena una alarma: el aumento del número de parados entre los mayores de 25 años ha sido de un 0,6%. Entre los menores de 25 años, ¡un 6%! De los 40.000 nuevos parados más de la mitad, 25.000, son jóvenes para los cuáles las puertas de acceso al mundo laboral parecen selladas con la silicona que le sobró a los sindicatos el día de la huelga. Técnicamente se podría decir que cada recién licenciado en 2010 se ha convertido en parado.
Una economía que se recupera no incrementa en un 1,2% su número de parados en un mes. De nuevo por encima de la cifra psicológica de los 4.000.000 de parados y para más inri la Seguridad Social vuelve a perder afiliados.
Quiero completar este post con unos comentarios de Joseph Stiglitz, ex economista jefe del Banco Mundial (BM) y premio Nobel de Economía, en su libro "Freefall" (Caída libre), del que publica hoy un extracto el rotativo británico "The Sunday Telegraph":
"España podría estar entrando en el mismo tipo de espiral mortal que afectó a Argentina hace sólo una década". "España es víctima de "las reglas del juego", que le obligan a recortar su gasto, lo que casi con total seguridad conducirá a un incremento aún mayor del desempleo. La economía española se ralentizará, pero la mejora de su posición fiscal será mínima: con menor crecimiento, los ingresos por vía impositiva caerán, el gasto social -como el subsidio de paro- se incrementará y los déficit seguirán siendo altos. En estos momentos, España no ha sido atacada por los especuladores, pero puede que sea sólo una cuestión de tiempo"
Stiglitz considera que la raíz del problema para países como España o Grecia es que no pueden utilizar su divisa como un elemento de reajuste de sus economías, ya que el euro tiene un cambio fijo.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
¿Optimistas o realistas?
Decía el escritor inglés William George Ward que el pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; y el realista ajusta las velas.
España es un galeón que navega por el mar de la crisis con una tripulación gobernada por optimistas: el capitán se mantiene firme en el puente de mando, rodeado por sus fieles oficiales, esperando a que el viento cambie.
En las empresas españolas nos encontramos muchos pesimistas (siempre se quejan; lo hacían en 2007 cuando nuestro PIB crecía y lo hacen ahora que decrece), muchos optimistas (que no hacen nada salvo limitarse a esperar un cambio de tendencia) y unos pocos (los menos) realistas: las personas que ajustamos las velas en función de la dirección e intensidad de los vientos.
Comento esto porque hace unos días me comentaban los alumnos que “se respira un cierto optimismo”. Cierto. Pero se trata más de personas con pensamientos positivos a la espera de un cambio de viento (como diría Ward) que individuos cuyo estado de ánimo viene condicionado por una análisis sereno y objetivo de la realidad.
Las economías más importantes han dejado atrás la recesión. Pero eso no implica una recuperación vigorosa (simplemente han dejado de caer). Mientras tanto, España seguirá cayendo cuando finalice el 2010 (a menor velocidad, eso sí) y estamos más cerca de una segunda recesión (encadenando dos trimestres consecutivos negativos si el tercero de este año fuera negativo –que parece lo será- y el cuarto siga la misma tendencia –que pocos datos animan a los contrario). No hay que caer en el pesimismo, sino tomar medidas (ser realista) algo que nuestros gobernantes aún no han decidido hacer.
Todo el arsenal desplegado en forma de estímulos (Planes E para los ayuntamientos, ayudas para automóviles, electrodomésticos…) han generado un insignificante crecimiento (en el segundo trimestres de 2010) del 0,2%; motivo de satisfacción para los optimistas y de preocupación para los realistas.
Sea una “W” (una segunda recesión tras un periodo de crecimiento leve vivido hasta este tercer trimestre de 2010) o una “L” (dejamos de caer, pero tendremos una larga época de crecimientos insignificantes) es absolutamente necesario realizar profundas reformas (lo que se ha hecho hasta ahora, si bien es un primer paso, resulta absolutamente insuficiente).
Vientos favorables, haberlos haylos: las economías emergentes se recuperan, Latinoamérica mantiene un ritmo de crecimiento significativo y la locomotora alemana comienza a carburar (pero tengamos en cuenta que la debilidad esgrimida por el euro durante la crisis de la deuda griegohispanolusa ayudó a sus exportaciones). Pero la fuerza de esos vientos queda relativizada por las incertidumbres que generan importantes economías como la británica (déficit y deuda) o la propia estadounidense (la crisis inmobiliaria persiste y no se termina por comenzar a crear empleo); o la certeza al respecto de los graves problemas a los cuáles se enfrentan países como Grecia o Irlanda.
Pero sobre todo continúan soplando vientos adversos dentro de nuestro propio país. La tasa de desempleo cabalga a sus anchas por encima del 20% con una reforma laboral que no ha dejado satisfecho a nadie (ni a los sindicatos, ni a los empresarios ni al gobierno…). El crédito no termina de fluir (los bancos suficiente tienen con atender sus propios compromisos mientras vigilan el ritmo de crecimiento de la morosidad).
La reducción del déficit es una especie de misterio ya que resulta complicado controlar las diferentes fuentes de generación de gasto público, especialmente la de algunos ayuntamientos y comunidades autónomas que se van a enfrentar en 2011 a desafíos impresionantes. Por cierto, con el desmadre de ayuntamientos y comunidades, ¿cumpliremos nuestro compromiso de reducción del déficit -6% del PIB- en 2011? El que vea pocas probabilidades ya sabe lo que nos espera: volverán los problemas con el diferencial de la deuda (reviviremos mayo de 2010).
Con un 20% de paro (el FMI dice que no volveremos a crecer por encima del 2% -el mínimo exigible para comenzar a crear empleo- hasta 2016), los mercados controlando nuestra inversión pública, recortes, falta de crédito, incrementos de impuestos, desastre inmobiliario y administraciones públicas hiperdimensionadas (por cierto, solo la administración central ha incrementado un 2,6% el número de funcionarios)… el mercado interior tardará en recuperarse. El único clavo ardiendo al cual podemos agarrarnos es la (esperemos) recuperación exterior. Pero aquí las empresas españolas se darán de bruces con la cruda realidad: no son competitivas. El desmadre de la época de crecimiento nos ha conducido a la situación actual en la cual la proporción entre salarios y resultados es desastrosa; hemos ido incrementando salarios sin incrementar los resultados generados de forma proporcional, lo que ha dejado muy tocada a nuestra productividad. Cierto es que las exportaciones españolas han crecido en la primera mitad del año un 16%. Pero en los últimos tres meses presentan un estancamiento en su ritmo de crecimiento preocupante y, a pesar de crecer, estamos muy lejos todavía del volumen alcanzado en 2007 (si todo va bien cerraremos 2010 con un volumen similar al de 2006). En otras palabras, no estamos aprovechando (o no podemos aprovechar) la recuperación exterior con las mismas posibilidades que nuestros competidores francos, germanos o anglosajones.
Y recuerdo (por si alguno lo había olvidado) que seguimos teniendo un millón de pisos sin vender (más de 150.000 millones en ladrillos dentro del balance de bancos y cajas) y que nadie sabe cuándo se venderán (y los promotores deben a la banca 400.000 millones). Con un mercado inmobiliario muerto (los promotroes no bajan el precio; prefieren que se lo quede el banco), tarde o temprano aparecerá ese agujero de más de 500.000 millones de euros.
Ser un país con muchos pesimistas (por mucho que hagamos España seguirá siendo España), con muchos optimistas (sin hacer nada volveremos a ser la alegría de la huerta en la champiñón league) y pocos realistas (pero…¿tendremos que ajustar alguna vela, no?) ha generado otro problema: en otros lugares (como Alemania) la crisis ha motivado a las personas para cambiar (a pesar de no tener problemas de deuda, Alemania a recortado su gasto público; a pesar de no tener un 20% de paro, muchos países introducen mejores) mientras que en España no hemos aprovechado la crisis para realizar las profundas reformas que hace años se vienen exigiendo.
Y aquí recurro de nuevo a una frase de Ward: Las oportunidades son como los amaneceres; si uno espera demasiado, se los pierde.
España es un galeón que navega por el mar de la crisis con una tripulación gobernada por optimistas: el capitán se mantiene firme en el puente de mando, rodeado por sus fieles oficiales, esperando a que el viento cambie.
En las empresas españolas nos encontramos muchos pesimistas (siempre se quejan; lo hacían en 2007 cuando nuestro PIB crecía y lo hacen ahora que decrece), muchos optimistas (que no hacen nada salvo limitarse a esperar un cambio de tendencia) y unos pocos (los menos) realistas: las personas que ajustamos las velas en función de la dirección e intensidad de los vientos.
Comento esto porque hace unos días me comentaban los alumnos que “se respira un cierto optimismo”. Cierto. Pero se trata más de personas con pensamientos positivos a la espera de un cambio de viento (como diría Ward) que individuos cuyo estado de ánimo viene condicionado por una análisis sereno y objetivo de la realidad.
Las economías más importantes han dejado atrás la recesión. Pero eso no implica una recuperación vigorosa (simplemente han dejado de caer). Mientras tanto, España seguirá cayendo cuando finalice el 2010 (a menor velocidad, eso sí) y estamos más cerca de una segunda recesión (encadenando dos trimestres consecutivos negativos si el tercero de este año fuera negativo –que parece lo será- y el cuarto siga la misma tendencia –que pocos datos animan a los contrario). No hay que caer en el pesimismo, sino tomar medidas (ser realista) algo que nuestros gobernantes aún no han decidido hacer.
Todo el arsenal desplegado en forma de estímulos (Planes E para los ayuntamientos, ayudas para automóviles, electrodomésticos…) han generado un insignificante crecimiento (en el segundo trimestres de 2010) del 0,2%; motivo de satisfacción para los optimistas y de preocupación para los realistas.
Sea una “W” (una segunda recesión tras un periodo de crecimiento leve vivido hasta este tercer trimestre de 2010) o una “L” (dejamos de caer, pero tendremos una larga época de crecimientos insignificantes) es absolutamente necesario realizar profundas reformas (lo que se ha hecho hasta ahora, si bien es un primer paso, resulta absolutamente insuficiente).
Vientos favorables, haberlos haylos: las economías emergentes se recuperan, Latinoamérica mantiene un ritmo de crecimiento significativo y la locomotora alemana comienza a carburar (pero tengamos en cuenta que la debilidad esgrimida por el euro durante la crisis de la deuda griegohispanolusa ayudó a sus exportaciones). Pero la fuerza de esos vientos queda relativizada por las incertidumbres que generan importantes economías como la británica (déficit y deuda) o la propia estadounidense (la crisis inmobiliaria persiste y no se termina por comenzar a crear empleo); o la certeza al respecto de los graves problemas a los cuáles se enfrentan países como Grecia o Irlanda.
Pero sobre todo continúan soplando vientos adversos dentro de nuestro propio país. La tasa de desempleo cabalga a sus anchas por encima del 20% con una reforma laboral que no ha dejado satisfecho a nadie (ni a los sindicatos, ni a los empresarios ni al gobierno…). El crédito no termina de fluir (los bancos suficiente tienen con atender sus propios compromisos mientras vigilan el ritmo de crecimiento de la morosidad).
La reducción del déficit es una especie de misterio ya que resulta complicado controlar las diferentes fuentes de generación de gasto público, especialmente la de algunos ayuntamientos y comunidades autónomas que se van a enfrentar en 2011 a desafíos impresionantes. Por cierto, con el desmadre de ayuntamientos y comunidades, ¿cumpliremos nuestro compromiso de reducción del déficit -6% del PIB- en 2011? El que vea pocas probabilidades ya sabe lo que nos espera: volverán los problemas con el diferencial de la deuda (reviviremos mayo de 2010).
Con un 20% de paro (el FMI dice que no volveremos a crecer por encima del 2% -el mínimo exigible para comenzar a crear empleo- hasta 2016), los mercados controlando nuestra inversión pública, recortes, falta de crédito, incrementos de impuestos, desastre inmobiliario y administraciones públicas hiperdimensionadas (por cierto, solo la administración central ha incrementado un 2,6% el número de funcionarios)… el mercado interior tardará en recuperarse. El único clavo ardiendo al cual podemos agarrarnos es la (esperemos) recuperación exterior. Pero aquí las empresas españolas se darán de bruces con la cruda realidad: no son competitivas. El desmadre de la época de crecimiento nos ha conducido a la situación actual en la cual la proporción entre salarios y resultados es desastrosa; hemos ido incrementando salarios sin incrementar los resultados generados de forma proporcional, lo que ha dejado muy tocada a nuestra productividad. Cierto es que las exportaciones españolas han crecido en la primera mitad del año un 16%. Pero en los últimos tres meses presentan un estancamiento en su ritmo de crecimiento preocupante y, a pesar de crecer, estamos muy lejos todavía del volumen alcanzado en 2007 (si todo va bien cerraremos 2010 con un volumen similar al de 2006). En otras palabras, no estamos aprovechando (o no podemos aprovechar) la recuperación exterior con las mismas posibilidades que nuestros competidores francos, germanos o anglosajones.
Y recuerdo (por si alguno lo había olvidado) que seguimos teniendo un millón de pisos sin vender (más de 150.000 millones en ladrillos dentro del balance de bancos y cajas) y que nadie sabe cuándo se venderán (y los promotores deben a la banca 400.000 millones). Con un mercado inmobiliario muerto (los promotroes no bajan el precio; prefieren que se lo quede el banco), tarde o temprano aparecerá ese agujero de más de 500.000 millones de euros.
Ser un país con muchos pesimistas (por mucho que hagamos España seguirá siendo España), con muchos optimistas (sin hacer nada volveremos a ser la alegría de la huerta en la champiñón league) y pocos realistas (pero…¿tendremos que ajustar alguna vela, no?) ha generado otro problema: en otros lugares (como Alemania) la crisis ha motivado a las personas para cambiar (a pesar de no tener problemas de deuda, Alemania a recortado su gasto público; a pesar de no tener un 20% de paro, muchos países introducen mejores) mientras que en España no hemos aprovechado la crisis para realizar las profundas reformas que hace años se vienen exigiendo.
Y aquí recurro de nuevo a una frase de Ward: Las oportunidades son como los amaneceres; si uno espera demasiado, se los pierde.
martes, 21 de septiembre de 2010
La amenaza fantasma 2
La semana pasada un alumno del Executive MBA de ESEUNE me decía: "la crisis ha de estar remitiendo...ya que el ritmo de tus post está bajando"
Cierto lo segundo: llevo un tiempo sin escribir...aunque más por falta de tiempo que otra cosa. Pero incierto lo primero: no creo que la crisis esté remitiendo; es más (ojalá me equivoque) pero estamos de nuevo al borde de la recesión. La amenaza fantasma, pero en una segunda edición.
Después del verano aguardaba expectante el abanico de datos que se publicaría a mediados de septiembre (¿serían ciertos los rumores extendidos por el Gobierno y medios afines al respecto de la mejoría económica? ¿O simplemente eran comentarios interesados?)
La semana pasada Eurostat publicó las cifras de producción industrial de agosto, y el índice mostró su tercera caída intermensual consecutiva, hasta situarse en 84,9. Cierto es que estamos por encima del mínimo (81,6) marcado el año pasado (en los momentos más duros para la industria) pero si analizamos la tasa interanual vemos que estamos a un paso de entrar en negativo.
El sector servicios también se había recuperado levemente a comienzos de año. Pero el Intituto Nacional de Estadística (INE) publicó la pasada semana el IASS (Indicador de Actividad del Sector Servicios) del mes de julio y, tras cuatro meses de modestas subidas, el indicador vuelve a entrar en negativo en el interanual.
A ello hemos de sumar la caída en las ventas minoristas en ese mes de julio (¿será todo achacable a la subida del IVA o seguirá la tendencia en los próximos meses?)
Por supuesto la construcción (que no había mostrado ningún atisbo de recuperación hasta la fecha, como sucedió con la industria y los servicios a mediados de año), sigue en caída libre y el índice muestra el peor datos desde 1997 y está un 42% por debajo del máximo histórico alcanzado en 2005. Y lo peor es que nada parece indicar que esta caída se detenga en los próximos meses.
Los optimistas se agarran a la recuperación exterior como el último clavo ardiendo ante el negro panorama que nos espera en el mercado interior con un 20% de paro. Sin embargo, si analizamos los datos de comercio exterior, la cifra permanece constante en los tres últimos meses (agosto, julio, junio). Muestran una leve mejoría con respecto a los meses precedentes, pero el esperado tirón de las ventas en el exterior aún no se ha producido (y en su lugar observamos un preocupante estancamiento, como si hubiéramos tocado techo). Es aquí donde sufriremos la falta de competitividad de nuestras empresas que a duras penas pueden competir con rivales de otros países. Las exportaciones se han estabilizado, pero estamos un 20% por debajo de la cifra alcanzada en 2008
Mal las exportaciones y mal también las importaciones, La demanda interna se contrae y encontramos el peor datos desde el mes de enero. Es incluso un poco peor que el correspondiente a agosto del año 2009.
Analizando las cifras de importaciones también se observa una contracción adicional de la demanda interna, dado que el dato es el peor desde el mes de enero y ligeramente peor que el de hace un año.
Sobre el sector público, nada nuevo que mencionar: el déficit y la presión sobre nuestra deuda han obligado a recortar el gasto público y su contribución a la recuperación de nuestra economía será nula. Por supuesto, se terminan los estímulos para las empresas constructoras y de automóviles (Plan E)
Tampoco aumenta el crédito y además se nos anuncian próximas subidas de impuestos. Y para la semana que viene tenemos convocada una huelga general (que, a pesar de no contar con el apoyo mayoritario de los trabajadores, será un éxito por el bloqueo de los transportes previsto por unos sindicatos que se la juegan y un Gobierno que preferirá mirar para otro lado con tal de no dañar más su relación con ellos)
Todo parece indicar que en el tercer trimestre de 2010 nuestro PIB volverá a los números rojos (crecimiento negativo) y los augurios para el último trimestre no son nada halagüeños. Conclusión: España entrará en recesión de nuevo a finales de 2010 (porque se encadenarán dos trimestres consecutivos en negativo). En resumen, no solo no nos estamos recuperando, sino que con toda probabilidad estamos iendo a peor (algo que todas las empresas han de tener en cuenta en sus previsiones si no quieren volver a toparse con los graves problemas de 2009)
Alguno se llevará las manos a la cabeza pero en realidad, ¿hemos hecho algo para evitarlo?
Cierto lo segundo: llevo un tiempo sin escribir...aunque más por falta de tiempo que otra cosa. Pero incierto lo primero: no creo que la crisis esté remitiendo; es más (ojalá me equivoque) pero estamos de nuevo al borde de la recesión. La amenaza fantasma, pero en una segunda edición.
Después del verano aguardaba expectante el abanico de datos que se publicaría a mediados de septiembre (¿serían ciertos los rumores extendidos por el Gobierno y medios afines al respecto de la mejoría económica? ¿O simplemente eran comentarios interesados?)
La semana pasada Eurostat publicó las cifras de producción industrial de agosto, y el índice mostró su tercera caída intermensual consecutiva, hasta situarse en 84,9. Cierto es que estamos por encima del mínimo (81,6) marcado el año pasado (en los momentos más duros para la industria) pero si analizamos la tasa interanual vemos que estamos a un paso de entrar en negativo.
El sector servicios también se había recuperado levemente a comienzos de año. Pero el Intituto Nacional de Estadística (INE) publicó la pasada semana el IASS (Indicador de Actividad del Sector Servicios) del mes de julio y, tras cuatro meses de modestas subidas, el indicador vuelve a entrar en negativo en el interanual.
A ello hemos de sumar la caída en las ventas minoristas en ese mes de julio (¿será todo achacable a la subida del IVA o seguirá la tendencia en los próximos meses?)
Por supuesto la construcción (que no había mostrado ningún atisbo de recuperación hasta la fecha, como sucedió con la industria y los servicios a mediados de año), sigue en caída libre y el índice muestra el peor datos desde 1997 y está un 42% por debajo del máximo histórico alcanzado en 2005. Y lo peor es que nada parece indicar que esta caída se detenga en los próximos meses.
Los optimistas se agarran a la recuperación exterior como el último clavo ardiendo ante el negro panorama que nos espera en el mercado interior con un 20% de paro. Sin embargo, si analizamos los datos de comercio exterior, la cifra permanece constante en los tres últimos meses (agosto, julio, junio). Muestran una leve mejoría con respecto a los meses precedentes, pero el esperado tirón de las ventas en el exterior aún no se ha producido (y en su lugar observamos un preocupante estancamiento, como si hubiéramos tocado techo). Es aquí donde sufriremos la falta de competitividad de nuestras empresas que a duras penas pueden competir con rivales de otros países. Las exportaciones se han estabilizado, pero estamos un 20% por debajo de la cifra alcanzada en 2008
Mal las exportaciones y mal también las importaciones, La demanda interna se contrae y encontramos el peor datos desde el mes de enero. Es incluso un poco peor que el correspondiente a agosto del año 2009.
Analizando las cifras de importaciones también se observa una contracción adicional de la demanda interna, dado que el dato es el peor desde el mes de enero y ligeramente peor que el de hace un año.
Sobre el sector público, nada nuevo que mencionar: el déficit y la presión sobre nuestra deuda han obligado a recortar el gasto público y su contribución a la recuperación de nuestra economía será nula. Por supuesto, se terminan los estímulos para las empresas constructoras y de automóviles (Plan E)
Tampoco aumenta el crédito y además se nos anuncian próximas subidas de impuestos. Y para la semana que viene tenemos convocada una huelga general (que, a pesar de no contar con el apoyo mayoritario de los trabajadores, será un éxito por el bloqueo de los transportes previsto por unos sindicatos que se la juegan y un Gobierno que preferirá mirar para otro lado con tal de no dañar más su relación con ellos)
Todo parece indicar que en el tercer trimestre de 2010 nuestro PIB volverá a los números rojos (crecimiento negativo) y los augurios para el último trimestre no son nada halagüeños. Conclusión: España entrará en recesión de nuevo a finales de 2010 (porque se encadenarán dos trimestres consecutivos en negativo). En resumen, no solo no nos estamos recuperando, sino que con toda probabilidad estamos iendo a peor (algo que todas las empresas han de tener en cuenta en sus previsiones si no quieren volver a toparse con los graves problemas de 2009)
Alguno se llevará las manos a la cabeza pero en realidad, ¿hemos hecho algo para evitarlo?
Un euro para salvar el mundo
¿Quién dice que a los occidentales nos importa un carajo el tercer mundo? Ahora pagaremos 1€ con cada billete de avión que compremos, para ayudar a su desarrollo. Por ejemplo:
- Un fabricante de microcircuitos y condensadores de telefonía móvil pagará 1€ cuando saque un billete para volar a el Congo a comprar coltán (como se conoce a la columbita-tantalita, un mineral esencial para la electrónica que es extraído por niños semiesclavizados que trabajan 18 horas al día dándole al pico y a la pala).
- Un turista pagará 1€ para volar a un resort del Caribe (construido sobra varias hectáreas de fauna y flora protegida frente a un arrecife de que se llena de buceadores que buscan sacar una foto a los peces de colores mientras destrozan a aletazos y patadas el coral), en el que trabajan cientos de trabajadores que cobran poco más de 100 dólares al mes (le llaman turismo low-cost…en busca de países con los costes laborales cada vez más bajos).
- O un empresario de distribución textil que visitará en Vietnam las fábricas en la que cada jornada 5.000 trabajadores hacinados, sin medias de seguridad, producen por un dólar al día de salario decenas de zapatos, camisetas.
- O las compañías petrolíferas pagarán 1€ cuando envíen a las costas del África Occidental a sus ingenieros expertos en extracción y construcción de pozos. Al igual que pagarán 1€ las compañías que buscan madera, café, minerales…
Pagaremos 1€..pero eso sí, de forma voluntaria.
Una brillante idea más del hombre que quiso salvar España y como no le entendía casi nadie intentará ahora salvar el mundo.
- Un fabricante de microcircuitos y condensadores de telefonía móvil pagará 1€ cuando saque un billete para volar a el Congo a comprar coltán (como se conoce a la columbita-tantalita, un mineral esencial para la electrónica que es extraído por niños semiesclavizados que trabajan 18 horas al día dándole al pico y a la pala).
- Un turista pagará 1€ para volar a un resort del Caribe (construido sobra varias hectáreas de fauna y flora protegida frente a un arrecife de que se llena de buceadores que buscan sacar una foto a los peces de colores mientras destrozan a aletazos y patadas el coral), en el que trabajan cientos de trabajadores que cobran poco más de 100 dólares al mes (le llaman turismo low-cost…en busca de países con los costes laborales cada vez más bajos).
- O un empresario de distribución textil que visitará en Vietnam las fábricas en la que cada jornada 5.000 trabajadores hacinados, sin medias de seguridad, producen por un dólar al día de salario decenas de zapatos, camisetas.
- O las compañías petrolíferas pagarán 1€ cuando envíen a las costas del África Occidental a sus ingenieros expertos en extracción y construcción de pozos. Al igual que pagarán 1€ las compañías que buscan madera, café, minerales…
Pagaremos 1€..pero eso sí, de forma voluntaria.
Una brillante idea más del hombre que quiso salvar España y como no le entendía casi nadie intentará ahora salvar el mundo.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Mentiras sobre la crisis
Estoy indignado. Hoy se cumple el segundo aniversiario de Lehman y hemos perdido en España dos millones de empleos; en parte porque la crisis financiera e inmobiliaria han llevado a la quiebra a 250.000 empresas, la mayoria pymes; y los sindicatos se dedican a denigrar, ridiculizar e insultar a esos pequeño empresarios (con Diaz Ferrán no se meten, que luego hay que almorzar con él en el Ritz) con unos videos casposos, machistas y por cierto, muy mal elaborados (la serie "las mentiras se la crisis" que la UGT tiene en Youtube) Hasta el título está mal redactado (ni te cuento los diálogos y el guión). La UGT pretende animar a la gente para la huelga; no se si lo consegirán...pero lo que si lograrán con esos videos es seguir denostando la figura del pequeño empresario. Toda una inspiración para los jóvenes. Perfecto el mensaje: el empresario es un vago, machista, explotador y encima imbécil. Me pregunto: ¿qué joven querrá ser empresario con estos mensajes? Y recuerdo algo que no se si se les ha pasado por la cabeza a los sindicatos: sin empresarios no hay empresas y sin nuevas empresas no vamos a generar los millones de empleos que nuestra maltrecha economía precisa.
miércoles, 14 de julio de 2010
La canción del otoño: God Save del King
Calma en los mercados. Las emociones vividas con el campeonato Mundial de Fútbol han rebajado la intensidad informativa de la nación e incluso la del mismísimo debate sobre el estado de la nación o la sentencia del Estatut. Además, medio país está ya de vacaciones mientras el otro medio prepara las suyas; las empresas están inmersas en el medio gas que supone esta época estival y las calles del país se vacían a media tarde cuando el mercurio coquetea con los cuarenta grados y los ciudadanos solicitan amparo ante sus ventiladores y equipos de aire acondicionado del Mediamark en la comodidad de sus sofás, viendo el Tour con el rabillo del ojo mientras Morfeo intenta seducirlos para que caigan en sus brazos.
Y la crisis parece haber pasado a un segundo plano, detrás de Iker Casillas, la ola de calor y la canción del verano. ¡Hasta el Ibex se apunta al olvido! Bendito paréntesis. Pero todos sabemos que irremediablemente llegará el otoño.
Aún no sabemos si los huevos de Giorgi Dan se convertirán en canción del verano (o en tortilla de patata)o si el galardón estival recaerá sobre el Waka-Waka de Shakira o cualquier otra musiquilla pegadiza que haga bailar en las berbenas de los pueblos tanto a los niños de siete años como a sus abuelas de setenta. Pero si sabemos cual va a ser el tema que ocupará el top de las listas informativas en otoño: el euro.
Cada vez son más los expertos que afirman que la unión monetaria es insostenible, resultando el único argumento a favor de la moneda única la espectacular crisis en la que se sumergiría la economía mundial si el euro desaparece. No puede desaparecer porque sería un caos pero es un caos mantenerlo.
La salida de la UEM de un solo país tendría unas consecuencias muy graves para los mercados. Una completa ruptura (cito literalmente un informe de ING) tendría efectos que superarían al colapso posterior a la quiebra de Lehman Brothers. Esto parece claro y pocos ponen en duda el efecto devastador de esa desaparición.
Pero también resulta cada vez más clara la insostenibilidad de la unión monetaria actual, debido a la multiplicidad de políticas fiscales y a los diferentes niveles de desarrollo económico de sus miembros.
A partir de ambos argumentos (si desaparece el euro vendrá otra crisis internacional similar –si no más grave- a la vivida entre 2008 y 2009; pero el euro tal y como está concebida hoy en día la UEM no es sostenible) solo hay dos alternativas: asumir su desaparición y el que más chifle capador; o comenzar cuanto antes a redefinir la política económica y fiscal de la zona euro.
La semana pasada un analista (el estratega de inversiones de Investec Asset Management, Max King) no se cortaba un pelo al afirmar en una entrevista de la CNBC que “el euro es insostenible y se derrumbará en los próximos meses. Todo el mundo, los políticos europeos, las instituciones europeas, los inversores, incluso Roubini están en la negación. El euro es insostenible y se enfrenta a un miércoles negro. Y es muy probables que suceda este otoño”. Tal vez estemos ante un caso de eyaculación precoz la de éste King y unas cuantas semanas sea un plazo de tiempo demasiado breve para asistir al desastre; pero no es menos cierto que cada vez son más los economistas que hablan del colapso del euro en los próximos años (a lo largo de esta próxima década o la siguiente) si no se acometen profundos cambios.
Esta situación se me antoja el guión perfecto para una película de Hollywood: el científico (en este caso economista) acusado de chiflado que advierte del colapso del euro (cual meteorito que se acerca a la tierra) en varias semanas mientras la comunidad científica (el resto de economistas) se dividen entre quienes piensan que el meteorito pasará de largo y quiénes piensan que tal vez nos alcance en los próximos años, pero en todo caso de refilón. Mientras tanto, el observatorio (en este caso el banco ING) nos adelanta un informe de daños: si el meteorito roza la atmósfera de la Tierra (es decir, si Grecia sale del Euro) los daños (económicos) solo afectarán a ese país (una caída estimada de su PIB del 7,5%) mientras que sus vecinos (la zona euro) apenas notarían sus efectos (una caída del 1%). Pero si el impacto es directo (si el euro se desmonta) las economías de los países (que pasarían a llamarse exEurozona) caerían entre un 5% y un 9% y los precios de los activos se desplomarían. Y después del impacto seguirían los problemas: las nuevas monedas de las “economías periféricas” probablemente se depreciarían un 50% o más (la semana pasada el historiador José Varela Ortega dijo que de ser así veríamos un dólar a 600 pesetas) y las tasas de inflación se describirían mediante dos dígitos. Tampoco los alemanes o los franceses escaparían a la crisis: entrarían en deflación al apreciarse sus monedas (que serían consideradas activos seguros).
Un premio Nobel de Economía (Amartya Sen, galardonado en 1998) ha declarado (también en la CNBC) que el euro ha sido (y que ya lo dijo en su día) un gran error:
“ahora estamos atrapados dentro y si saliéramos sería el segundo error más grande, ya que generaría una gran cantidad de pánico y preocupación”.
Un gran error no se subsana con otro error más grave. Solo nos queda una misión (todos los países hemos de trabajar en equipo, como en las películas, para evitar que el meteorito acabe con nosotros): el euro debe ser salvado. Los países fuertes (léase Alemania) han de hablar alto y claro a sus ciudadanos: de la misma manera que en su día tuvieron que pagar la caída del Muro y la reunificación, y más adelante la modernización de países como España, Grecia y Portugal mediante fondos de cohesión, ahora han de contribuir a la supervivencia de los miembros más débiles de la Eurozona. Dinero para la reunificación, dinero para la integración y ahora dinero para la salvación. La Unión Monetaria tiene que ser salvada a toda costa.
Ójala la canción del otoño sea "God Save del King" (me refiero al citado Max King, el economista que advierte de la inminente llegada del meteorito). ¡Que Dios nos salve del tal King! (de sus profecías apocalípticas quiero decir)
Y la crisis parece haber pasado a un segundo plano, detrás de Iker Casillas, la ola de calor y la canción del verano. ¡Hasta el Ibex se apunta al olvido! Bendito paréntesis. Pero todos sabemos que irremediablemente llegará el otoño.
Aún no sabemos si los huevos de Giorgi Dan se convertirán en canción del verano (o en tortilla de patata)o si el galardón estival recaerá sobre el Waka-Waka de Shakira o cualquier otra musiquilla pegadiza que haga bailar en las berbenas de los pueblos tanto a los niños de siete años como a sus abuelas de setenta. Pero si sabemos cual va a ser el tema que ocupará el top de las listas informativas en otoño: el euro.
Cada vez son más los expertos que afirman que la unión monetaria es insostenible, resultando el único argumento a favor de la moneda única la espectacular crisis en la que se sumergiría la economía mundial si el euro desaparece. No puede desaparecer porque sería un caos pero es un caos mantenerlo.
La salida de la UEM de un solo país tendría unas consecuencias muy graves para los mercados. Una completa ruptura (cito literalmente un informe de ING) tendría efectos que superarían al colapso posterior a la quiebra de Lehman Brothers. Esto parece claro y pocos ponen en duda el efecto devastador de esa desaparición.
Pero también resulta cada vez más clara la insostenibilidad de la unión monetaria actual, debido a la multiplicidad de políticas fiscales y a los diferentes niveles de desarrollo económico de sus miembros.
A partir de ambos argumentos (si desaparece el euro vendrá otra crisis internacional similar –si no más grave- a la vivida entre 2008 y 2009; pero el euro tal y como está concebida hoy en día la UEM no es sostenible) solo hay dos alternativas: asumir su desaparición y el que más chifle capador; o comenzar cuanto antes a redefinir la política económica y fiscal de la zona euro.
La semana pasada un analista (el estratega de inversiones de Investec Asset Management, Max King) no se cortaba un pelo al afirmar en una entrevista de la CNBC que “el euro es insostenible y se derrumbará en los próximos meses. Todo el mundo, los políticos europeos, las instituciones europeas, los inversores, incluso Roubini están en la negación. El euro es insostenible y se enfrenta a un miércoles negro. Y es muy probables que suceda este otoño”. Tal vez estemos ante un caso de eyaculación precoz la de éste King y unas cuantas semanas sea un plazo de tiempo demasiado breve para asistir al desastre; pero no es menos cierto que cada vez son más los economistas que hablan del colapso del euro en los próximos años (a lo largo de esta próxima década o la siguiente) si no se acometen profundos cambios.
Esta situación se me antoja el guión perfecto para una película de Hollywood: el científico (en este caso economista) acusado de chiflado que advierte del colapso del euro (cual meteorito que se acerca a la tierra) en varias semanas mientras la comunidad científica (el resto de economistas) se dividen entre quienes piensan que el meteorito pasará de largo y quiénes piensan que tal vez nos alcance en los próximos años, pero en todo caso de refilón. Mientras tanto, el observatorio (en este caso el banco ING) nos adelanta un informe de daños: si el meteorito roza la atmósfera de la Tierra (es decir, si Grecia sale del Euro) los daños (económicos) solo afectarán a ese país (una caída estimada de su PIB del 7,5%) mientras que sus vecinos (la zona euro) apenas notarían sus efectos (una caída del 1%). Pero si el impacto es directo (si el euro se desmonta) las economías de los países (que pasarían a llamarse exEurozona) caerían entre un 5% y un 9% y los precios de los activos se desplomarían. Y después del impacto seguirían los problemas: las nuevas monedas de las “economías periféricas” probablemente se depreciarían un 50% o más (la semana pasada el historiador José Varela Ortega dijo que de ser así veríamos un dólar a 600 pesetas) y las tasas de inflación se describirían mediante dos dígitos. Tampoco los alemanes o los franceses escaparían a la crisis: entrarían en deflación al apreciarse sus monedas (que serían consideradas activos seguros).
Un premio Nobel de Economía (Amartya Sen, galardonado en 1998) ha declarado (también en la CNBC) que el euro ha sido (y que ya lo dijo en su día) un gran error:
“ahora estamos atrapados dentro y si saliéramos sería el segundo error más grande, ya que generaría una gran cantidad de pánico y preocupación”.
Un gran error no se subsana con otro error más grave. Solo nos queda una misión (todos los países hemos de trabajar en equipo, como en las películas, para evitar que el meteorito acabe con nosotros): el euro debe ser salvado. Los países fuertes (léase Alemania) han de hablar alto y claro a sus ciudadanos: de la misma manera que en su día tuvieron que pagar la caída del Muro y la reunificación, y más adelante la modernización de países como España, Grecia y Portugal mediante fondos de cohesión, ahora han de contribuir a la supervivencia de los miembros más débiles de la Eurozona. Dinero para la reunificación, dinero para la integración y ahora dinero para la salvación. La Unión Monetaria tiene que ser salvada a toda costa.
Ójala la canción del otoño sea "God Save del King" (me refiero al citado Max King, el economista que advierte de la inminente llegada del meteorito). ¡Que Dios nos salve del tal King! (de sus profecías apocalípticas quiero decir)
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