Comentábamos en la sesión dedicada a la crisis con el Profesor Tamames que la aplicación masiva y coordinada de políticas públicas para amortiguar los efectos de la crisis en 2008 y 2009 ha contribuido a evitar el colapso del sistema. Encabezados por los Estados Unidos de América los principales gobiernos del mundo han desarrollado una política de estímulos sin precedente en la historia.
El paciente estuvo a punto de morir por sobredosis; se ha evitado su fallecimiento pero no se ha resuelto el problema: su dependencia de la droga.
La droga que ha estado a punto de acabar con la vida del paciente es el dinero. La era del dinero fácil iniciada a principios de los 2000 con las políticas de Alan Greenspan tras la crisis de las puntocom y el enfriamiento de la economía estadounidense tras los atentados del 11S, generó una adicción al dinero que llevó al endeudamiento generalizado a cientos de millones de empresas y particulares en medio mundo. Dinero fácil y abundante para todos.
Los efectos de la droga se han querido solucionar con droga. Los bancos centrales han inyectado altas dosis de dinero para evitar el colapso. Los gobiernos no han querido que el drogadicto sufriera síndrome de abstinencia; en lugar de los mareos, vómitos y dolores del “mono” se ha optado por inyectarle por vía intravenosa más dinero, esperando que, tras haber visto “las orejas al lobo” el paciente reconociera sus excesos y abandonara su dependencia.
Pero tarde o temprano nos tendremos que enfrentar al problema; el primer paso para solucionar una adicción es reconocer la misma. Sin duda, haber retirado la droga del mercado (el dinero), dado el excesivo endeudamiento y las negligentes inversiones realizadas por muchos en la era del dinero fácil, hubiera generado un proceso deflacionario de mayor envergadura si cabe que el que hemos padecido (caída de los precios de todos los activos) mediante un desapalancamiento generalizado por miedo a que los precios de esos activos continuaran cayendo.
El dinero público ha evitado ese desapalancamiento masivo y la caída de los precios. Pero, ¿ha solucionado el problema real? Los activos tóxicos no se regeneran fácilmente; las malas inversiones de ayer lo seguirán siendo mañana. Tarde o temprano el proceso deflacionario se dará, porque los excesos cometidos no tienen solución. Otra dosis de dinero ha calmado al paciente, pero no ha eliminado su problema. Tarde o temprano deberá reconocer que ha cometido excesos y ser consciente de que ha de pagar por ello.
Ayer mismo, el profesor de New York University, Nouriel Roubini (uno de los primeros economistas que advirtió de la que nos venía encima por culpa de las hipotecas subprime) ha recordado que seguimos viviendo en “una burbuja en todo tipo de activos”. El exceso de capacidad industrial al que el dinero fácil nos ha conducido amenaza con generar un fuerzas deflacionarias importantes. El precio de muchos activos se ha mantenido gracias a las políticas públicas, pero el problema de fondo sigue estando ahí: los activos tóxicos siguen siendo tóxicos (el mercado inmobiliario sigue sin estar ajustado, ahora se habla de una nueva oleada subprime con la caída de los precios de los activos inmobiliarios no residenciales –oficinas, pabellones industriales…), sobran fábricas de automóviles, de electrodomésticos… El riesgo de deflación está muy presente.
Los problemas de la FED
Otros prestigiosos economistas, como Philipp Bagus y Markus Schiml, hablan de los complejos dilemas a los que se enfrenta la Reserva Federal: una política monetaria tan agresiva, mantiene vivo al paciente, pero puede acabar con la vida del doctor. Incluso la propia FED podría llegar a ser insolvente.
La “calidad” del balance general del banco central estadounidense se ha deteriorado notablemente con las políticas llevadas a cabo para evitar el colapso (el rescate del sistema bancario). Y también ha aumentado la “cantidad” de del balance de la FED, con la compra masiva de activos tóxicos de los bancos (las famosas mortgage-backed securities, o títulos respaldados por hipotecas).
Estas políticas han funcionado a corto plazo; pero para que realmente sean efectivas, esos activos se han de “desintoxicar”, porque de lo contrario lo único que habremos conseguido es desplazar los riesgos del sistema bancario privado al gran banco público central. Si no se soluciona el problema de fondo (el valor de los activos tóxicos) simplemente habremos postpuesto el problema, evitando el colapso hoy, pero irremediándolo para mañana. Con el agravante de que ahora los “bancos malos” (bad bank) son los públicos.
Pero volvamos a la “droga” (al dinero que se inyecta). Los bancos centrales (el Banco Central Europeo entre ellos) ya nos avisado para que vayámonos pensando en un escenario en el que se vayan retirando poco a poco las medidas de estímulo excepcionales. Es lógico, porque el dinero no es un recurso ilimitado. Son muchos los que siguen pensando que las ayudas públicas no tienen fin: que el Plan E se renovará continuamente, que habrá planes renove para múltiples sectores, que se seguirán dando ayudas para la adquisición de vehículos, que el Estado salvará a los bancos que tengan problemas….
Yo recomiendo a todos que vayamos pensando en el siguiente escenario. Un escenario en el que los estímulos vayan desapareciendo.
¿Qué puede hacer la FED?
Por un lado, podría, como dice Bagus, “restaurar la fortaleza del balance del banco central”. Para ello es necesario reducir el tamaño y mejorar la calidad de su balance. Pero, ¿cómo hacerlo sin que la reversión de esas políticas vuelva a dejar expuesto al caos al sistema financiero? Como decíamos antes, el problema de fondo aún no se ha solucionado; simplemente se ha pospuesto.
Las medidas de los Bancos Centrales no han solucionado el problema: simplemente han retrasado lo inevitable.
Bagus defiende actuar a la bravas para llegar al fondo delo asunto: volver a la situación de antes de la crisis; es decir, devolver a los bancos privados los activos tóxicos y que quiebren las entidades financieras que tengan que quebrar”.
Es muy difícil para un drogadicto y su entorno reconocer la realidad, su problema. Cuando así sucede el sufrimiento es intenso. Tal vez sea necesario que el sistema sufra para poder solucionar definitivamente el problema. Bagus por lo tanto propone solucionar la crisis con medidas liberales y propone medidas como la recapitalización en el mercado, la nacionalización o la reestructuración de la propiedad de los bancos mediante la conversión directa de los acreedores en accionistas.
Brotes verdes
Una cosa es clara: no hemos aprendido ninguna lección. Solo hay que mirar a la Bolsa para darnos cuenta de lo que ha crecido desde marzo. Eso si, muchos parecen ignorar que ese crecimiento se ha debido en parte al chorro de liquidez mundial inyectado por las políticas de los Bancos Centrales y las políticas de estímulo.
No recuerdo quien dijo cuando se comenzó a hablar de brotes verdes que el único brote verde que veía el gobierno era el de la marihuana que se había fumados para afirmar que la economía salía de la crisis.
Tal vez tenía razón. Han aflorado brotes verdes de marihuana que han generado un efecto en quiénes se la han fumado. Hay mucho “colocado” viviendo en una fiesta (los inversores en bolsa, los concesionarios de coche celebrando las ventas de octubre, los presidentes de los grandes bancos españoles anunciando resultados, los ministros de economía presentando perspectivas para 2010…). Pero la fiesta puede terminar pronto. Que disfruten de la juerga unos meses más. Cuando desaparezcan los efectos de los brotes verdes de marihuana (los efectos de las políticas monetarias y los programas de estímulo) volveremos a la realidad.
jueves 5 de noviembre de 2009
miércoles 4 de noviembre de 2009
Día 391: ideas creativas versus propuestas insensatas
La salida de la crisis sin duda requiere ideas innovadoras y propuestas creativas. La propuesta formulada ayer por el secretario general de CCOO, Ignacio Fernández Toxo, resulta muy interesante, salvo por un importante matiz.
Fernández Toxo propuso ayer reducir la jornada laboral para generar empleo. Es una idea sobre la que llevo hablando mucho tiempo, desde que allá por finales de los 90, cuando trabajaba en el ámbito de Internet, las TIC, la eficiencia, el e-Business, etc., como muchos antiguos alumnos recordarán, hablaba del “precio de la eficiencia”: las empresas invierten en capital tecnológico en detrimento del capital humano; la tecnología permite eficiencia (hacer más, con menos) y la concentración de los PIB de las economías avanzadas en servicios informacionales (productos financieros, telecomunicaciones, ocio digital, etc.) en detrimento de los productos físicos (fabricación de coches, muebles, etc.) tiene como consecuencia que cada vez los países avanzados producen más (generan mayor facturación) con menos personas. El precio de tanta eficiencia es, desempleo. La banca electrónica permite que los bancos atiendan hoy al doble de clientes que hace 15 años, con la mitad de empleados; la venta de billetes online y la facturación electrónica han permitido a las aerolíneas reducir personal; las etiquetas de RFID (radiofrecuencia) que poco a poco incorporan los envases de los alimentos, productos de limpieza, etc. harán desaparecer la figura de los cajeros y cajeras en los hipermercados. Como comentaba a fondo en “El último clavo ardiendo” una sociedad cada vez más eficiente por el uso de la tecnología tiene que redefinir las jornadas laborales porque de lo contrario no habrá trabajo para todos. Las personas hemos de trabajar 3 o 4 días a la semana, o mejor, únicamente media jornada. El efecto sobre la sociedad y la economía puede ser muy interesante: más tiempo para el ocio (nuevos negocios), más tiempo para la familia, los amigos (las relaciones humanas) y trabajo de más calidad en las empresas (menor cansancio, menor aburrimiento).
Toxo se apunta a este carro del reparto del trabajo, pero con un “matiz” que no comparto en absoluto: que esa reducción de jornada no lleve aparejada una reducción del sueldo y sea el Estado el que cubra la diferencia.
No se qué ha pesado más en el sindicalista a la hora de formular esta propuesta; si ha sido su anhelo para materializar su sueño de una economía dirigida por el Estado al más puro estilo comunista; o si por el contrario ha sido su falta de conocimientos económicos.
Ya se que el sueño de cualquier sindicalista profesional es que otros le paguen por el trabajo que el no realiza; pero extender ese ideal a toda la sociedad no creo que sea precisamente lo que necesita este país, aquí y ahora. Que nos paguen a todos por no trabajar podría ser un bonito eslogan para presentarse a unas elecciones o para aumentar el número de afiliados a un sindicato. Pero a todas luces es una insensatez.
En primer lugar, porque la idea de que el Estado nos tiene que pagar por no hacer nada (o por hacer lo justo) está lamentablemente cada vez más extendida; la cultura del mínimo esfuerzo impera en un país que toma como modelo a personajes que salen en los reality-show haciendo el canelo para luego vivir del cuento. ¡Ese si que sabe montárselo! , comentan muchos jóvenes que anhelan convertirse en alguien que vive sin pegar un palo al agua. Ya se que sueno carca cuando lo digo, pero hemos de recuperar la ilusión por trabajar, crear, innovar y la cultura del esfuerzo: encontrar gratificación en aquello que nos ha costado y valorar el resultado del esfuerzo. Decir que el estado nos pague por trabajar menos creo que va en la dirección contraria al ideal que hemos transmitir.
En segundo lugar, la propuesta de Toxo me parece insensata después de ver (como comentaba en mi post de ayer) como está la caja del Estado: hace aguas por todos los lados. Mientras Toxo pedía que el Estado pagara a la gente por no trabajar, el FMI avisaba de los problemas en los que se estaba metiendo España debido a su política fiscal: la caída de la recaudación y el aumento del gasto social pueden llegar a estrangular las finanzas del Estado (déficit y deuda); España puede entrar en una larga recesión si hipoteca su futuro.
Otra cosa es que el Gobierno redefina el concepto subsidio de desempleo y se destinen parte de los recursos destinados a una nueva fórmula: en lugar de pagar a los parados por no hacer nada, se paga a las empresas que articulen fórmulas que permitan “desdoblar” cuatro empleos en cinco, compensando a los trabajadores que cedan parte de su tiempo de trabajo para generar nuevos empleos.
Mantener el salario de una persona (de forma artificial) trabajando menos, ahonda en el gran problema actual de la economía española: la productividad de las empresas.
La productividad debiera formar parte de la negociación de los convenios. En un entorno en el que vemos los problemas de competitividad de las empresa españolas en comparación con las alemanas, francesas, etc., mientras recibimos mensajes de diferentes economistas internacionales que dicen que los salarios en España están desacompasados con respecto a la producción (un 25% aproximadamente), en un escenario en el que la solución pasa por reducir un 25% los salarios o incrementar un 25% el resultado (lo que producimos cada persona), resulta contraproducente continuar reivindicando aumentos salariales (por “convenio”) del 2%. Máxime cuando la deflación en España es un hecho (es decir, que reduciendo los sueldos de las personas o simplemente no aumentándolos, los trabajadores no perderíamos poder adquisitivo). Los convenios colectivos van a terminar de dar la puntilla a la maltrecha competitividad de las empresas de este país. Hasta una entidad dudosa de toda sospecha como es el Banco de España reconoce que el sistema de negociación colectiva es uno de los culpables de la destrucción de un millón de puestos de trabajo.
Fernández Toxo propuso ayer reducir la jornada laboral para generar empleo. Es una idea sobre la que llevo hablando mucho tiempo, desde que allá por finales de los 90, cuando trabajaba en el ámbito de Internet, las TIC, la eficiencia, el e-Business, etc., como muchos antiguos alumnos recordarán, hablaba del “precio de la eficiencia”: las empresas invierten en capital tecnológico en detrimento del capital humano; la tecnología permite eficiencia (hacer más, con menos) y la concentración de los PIB de las economías avanzadas en servicios informacionales (productos financieros, telecomunicaciones, ocio digital, etc.) en detrimento de los productos físicos (fabricación de coches, muebles, etc.) tiene como consecuencia que cada vez los países avanzados producen más (generan mayor facturación) con menos personas. El precio de tanta eficiencia es, desempleo. La banca electrónica permite que los bancos atiendan hoy al doble de clientes que hace 15 años, con la mitad de empleados; la venta de billetes online y la facturación electrónica han permitido a las aerolíneas reducir personal; las etiquetas de RFID (radiofrecuencia) que poco a poco incorporan los envases de los alimentos, productos de limpieza, etc. harán desaparecer la figura de los cajeros y cajeras en los hipermercados. Como comentaba a fondo en “El último clavo ardiendo” una sociedad cada vez más eficiente por el uso de la tecnología tiene que redefinir las jornadas laborales porque de lo contrario no habrá trabajo para todos. Las personas hemos de trabajar 3 o 4 días a la semana, o mejor, únicamente media jornada. El efecto sobre la sociedad y la economía puede ser muy interesante: más tiempo para el ocio (nuevos negocios), más tiempo para la familia, los amigos (las relaciones humanas) y trabajo de más calidad en las empresas (menor cansancio, menor aburrimiento).
Toxo se apunta a este carro del reparto del trabajo, pero con un “matiz” que no comparto en absoluto: que esa reducción de jornada no lleve aparejada una reducción del sueldo y sea el Estado el que cubra la diferencia.
No se qué ha pesado más en el sindicalista a la hora de formular esta propuesta; si ha sido su anhelo para materializar su sueño de una economía dirigida por el Estado al más puro estilo comunista; o si por el contrario ha sido su falta de conocimientos económicos.
Ya se que el sueño de cualquier sindicalista profesional es que otros le paguen por el trabajo que el no realiza; pero extender ese ideal a toda la sociedad no creo que sea precisamente lo que necesita este país, aquí y ahora. Que nos paguen a todos por no trabajar podría ser un bonito eslogan para presentarse a unas elecciones o para aumentar el número de afiliados a un sindicato. Pero a todas luces es una insensatez.
En primer lugar, porque la idea de que el Estado nos tiene que pagar por no hacer nada (o por hacer lo justo) está lamentablemente cada vez más extendida; la cultura del mínimo esfuerzo impera en un país que toma como modelo a personajes que salen en los reality-show haciendo el canelo para luego vivir del cuento. ¡Ese si que sabe montárselo! , comentan muchos jóvenes que anhelan convertirse en alguien que vive sin pegar un palo al agua. Ya se que sueno carca cuando lo digo, pero hemos de recuperar la ilusión por trabajar, crear, innovar y la cultura del esfuerzo: encontrar gratificación en aquello que nos ha costado y valorar el resultado del esfuerzo. Decir que el estado nos pague por trabajar menos creo que va en la dirección contraria al ideal que hemos transmitir.
En segundo lugar, la propuesta de Toxo me parece insensata después de ver (como comentaba en mi post de ayer) como está la caja del Estado: hace aguas por todos los lados. Mientras Toxo pedía que el Estado pagara a la gente por no trabajar, el FMI avisaba de los problemas en los que se estaba metiendo España debido a su política fiscal: la caída de la recaudación y el aumento del gasto social pueden llegar a estrangular las finanzas del Estado (déficit y deuda); España puede entrar en una larga recesión si hipoteca su futuro.
Otra cosa es que el Gobierno redefina el concepto subsidio de desempleo y se destinen parte de los recursos destinados a una nueva fórmula: en lugar de pagar a los parados por no hacer nada, se paga a las empresas que articulen fórmulas que permitan “desdoblar” cuatro empleos en cinco, compensando a los trabajadores que cedan parte de su tiempo de trabajo para generar nuevos empleos.
Mantener el salario de una persona (de forma artificial) trabajando menos, ahonda en el gran problema actual de la economía española: la productividad de las empresas.
La productividad debiera formar parte de la negociación de los convenios. En un entorno en el que vemos los problemas de competitividad de las empresa españolas en comparación con las alemanas, francesas, etc., mientras recibimos mensajes de diferentes economistas internacionales que dicen que los salarios en España están desacompasados con respecto a la producción (un 25% aproximadamente), en un escenario en el que la solución pasa por reducir un 25% los salarios o incrementar un 25% el resultado (lo que producimos cada persona), resulta contraproducente continuar reivindicando aumentos salariales (por “convenio”) del 2%. Máxime cuando la deflación en España es un hecho (es decir, que reduciendo los sueldos de las personas o simplemente no aumentándolos, los trabajadores no perderíamos poder adquisitivo). Los convenios colectivos van a terminar de dar la puntilla a la maltrecha competitividad de las empresas de este país. Hasta una entidad dudosa de toda sospecha como es el Banco de España reconoce que el sistema de negociación colectiva es uno de los culpables de la destrucción de un millón de puestos de trabajo.
martes 3 de noviembre de 2009
Día 390: previsión para 2010
Ayer lunes 2 de noviembre celebramos nuestro encuentro anual en ESEUNE con el prestigioso economista D. Ramón Tamames, con motivo en esta ocasión del acto de apertura del curso académico 2009-2010 de las promociones Executive MBA y Global MBA de la Escuela de Negocios ESEUNE.
Hace un año Tamames nos habló sobre la crisis y sus efectos; ayer intentamos vislumbrar entre todos una hipotética recuperación.
Doce meses atrás estuvimos al borde del colapso (tras la quiebra de Lehman Brothers el 17 de septiembre de 2008). Pero las medidas adoptadas evitaron la hecatombe: los Bancos Centrales han inyectado liquidez en el sistema, los gobiernos reaccionaron elevando las garantías de los depósitos (evitando que millones de ciudadanos hicieran cola en las entidades bancarias para retirar sus ahorros), se han creado fondos de adquisición de activos financieros dudosos para mejorar la salud de los bancos y se han materializado planes de amortiguación de la crisis (del tipo Plan E).
Hoy se habla de la recuperación de la economía estadounidense, que en el tercer trimestre de 2009 ha crecido un 3,5% (con respecto al tercer trimestres de 2008).
Pero es curioso comprobar cómo esa noticia ha ilusionado más en España que a los propios ciudadanos estadounidenses, muchos de los cuáles ponen en duda la recuperación. En primer lugar hay que tener en cuenta que ese crecimiento se genera comparativamente con un trimestre negro, como fue el tercero de 2008 en Estados Unidos. Además hay que tener en cuenta que buena parte de ese crecimiento se debe a las fuertes ayudas gubernamentales (como el superplan para salvar a la vieja industria del automóvil en Detroit); y todo ello acompañado de un dólar débil que favorece las exportaciones estadounidenses. De ahí que algunos economistas como Paul Samuelson (primer Nobel de Economía, en 1970) avisen sobre la posibilidad de una “W”.
España 2010
Pero, volvamos a España. La situación para 2010 se vislumbra como muy negativa: más que la situación de 2009. Es cierto que el PIB no seguirá sangrando (pero hemos de tener en cuenta que la caída en 2009 ha sido tan importante, que simplemente el hecho de no crecer ya es de por sí altamente preocupante). Las “sombras” de la economía española en el 2010 vendrán de la mano de su sistema bancario, que ya está siendo puesto en duda por cada vez un mayor número de analistas internacionales. Varios son los informes que dicen que los bancos españoles ocultan su tasa real de morosidad (el endeudamiento de los bancos españoles es de 800.000 millones de euros y un 25% del total –unos 200.000 millones- pueden corresponder a activos “dudosos”); por otro lado se comenta que el stock de viviendas sin vender es mucho mayor del que se reconoce oficialmente; y lo verdaderamente cierto es que no fluye el crédito hacia las empresas, autónomos y familias.
Los planes de amortiguación diseñados por el Gobierno (los 8.000 millones del Plan E; los 5.000 millones del Plan E bis; las ayudas a la compra de automóviles…) han generado un efecto (y miles de kilómetros de nuevas aceras) positivo (conteniendo la evolución del paro, manteniendo activas cientos de pequeñas empresas) pero son planes muy débiles, sin fuerza real para dar impulso a nuestra economía y que esta arranque aprovechando la inercia.
El paro es nuestro principal problema. Hace unos meses le preguntaban al Presidente Zapatero si no temía por revueltas sociales en España, con una tasa de desempleo que camina de forma decidida hacia el 20% de la población activa. Su respuesta al periodista fue que viniera a España y caminara por sus calles para que comprobara por si mismo que en España la gente vivía muy bien.
Tal vez eso sea así por dónde camina el Presidente. En ciudades como Madrid, donde se concentran un importante volumen de trabajadores públicos (funcionarios que en ningún momento ven amenazados sus ingresos, que no temen en absoluto perder su empleo) el nivel de consumo sigue siendo aceptable; fluye el dinero, respiran los comercios, funcionan los servicios. Pero en otras ciudades, pueblos y regiones el panorama es realmente desolador. La gente no se ha echado a la calle y la delincuencia no se ha disparado por dos motivos: tenemos un sistema social que permite a las personas seguir viviendo (subsidios de desempleo, sanidad gratuita, educación gratuita…); las familias pueden pagar su alimentación y los niños pueden seguir acudiendo al colegio.
Por otro lado, la economía sumergida sigue funcionando: de los 600.000 cheques ayuda de 400 euros que tenía preparados el gobierno solo se han recogido 30.000. Hay mucha gente que no está dispuesta a realizar un cursos de formación todos los días para recibir esa ayuda….porque sigue haciendo sus chapucitas cobrando en dinero B, echando una mano al cuñado en el taller, al hermano en el bar….
La economía sumergida actúa como amortiguador de la crisis; pero viene a agravar el segundo gran problema de España: la caída de los ingresos públicos pone en peligro nuestro estados de bienestar (la salud y la educación se van a deteriorar; las pensiones no están por el momento amenazadas…pero si son una amenaza: los compromisos que hay que atender en los próximos diez años, si la economía sigue estancada, van a chupar gran parte de los ya de por si débiles ingresos públicos.
En menos de un año hemos pasado de 11.000 millones de euros presupuestados para pagar los subsidios de desempleo a 35.000 millones (o lo que es lo mismo, como dice Tamames, media docena de AVE´s Madrid-Sevilla). Una tasa de paro tan elevada constriñe la capacidad de un país para desarrollar nuevas infraestructuras, modernizarse, invertir en I+D, potenciar sus Universidades, mejorar la sanidad…..
La crisis tiene muchas papeletas para empeorar; la capacidad del Gobierno para seguir actuando tiene un límite; aunque Bruselas nos autorice a seguir teniendo un déficit elevado o a seguir emitiendo deuda, los amortiguadores del Gobierno en forma de estímulos para la economía no tendrán la suficiente fuerza como para reanimar al paciente. Además, si seguimos disparando la deuda, no somos conscientes de una cosa: algún día habrá que pagarla. ¿Cómo?
A lo largo de la historia de España hemos visto desamortizaciones como la de Mendizabal o la más reciente privatización de las grandes empresas públicas que han permitido al Estados reducir su nivel de endeudamiento. Pero ahora, ¿qué nos queda? ¿Cómo vamos a devolver dentro de diez o veinte años nuestra deuda? A las administraciones públicas no les queda nada por vender para hacer caja…salvo, como decía Tamames, las Cajas de Ahorros. ¿Veremos la desamortización de la cajas? La complejidad política que acompaña a estas curiosas entidades (¿de quién son? ¿cuánto valen? ¿quién las controla?) sitúa en un horizonte muy lejano esta posibilidad.
Lo cierto es que mientras vemos como los ingresos públicos se reducen, asistimos a un crecimiento significativo de las partidas presupuestarias para pagar subsidios de desempleo y amortizar la deuda.
Ya es demasiado tarde para las reformas; pero mañana será más tarde aún
Pocos son, y cada vez menos, los que ponen en duda la urgente necesidad de realizar importantes reformas.
La primera la reforma laboral: la única forma posible de recuperar a buen ritmo parte de los empleos perdidos ( y aliviar el presupuesto del Estado permitiendo seguir potenciando la investigación, el desarrollo, la educación, la innovación…). Trabajo estable, indefinido, temporal, precario….Lo que sea pero trabajo. No es el momento para debates sobre la calidad, sino de hablar sobre cantidad. Hacen falta varios millones de nuevos puestos de trabajo.
La segunda reforma va en paralelo: la reforma de la productividad. Cambiar el modelo productivo es necesario (sustituir el ladrillo y la paella por la biotecnología y las renovables). Pero ese cambio supone casi una generación. Mientras cambiamos el modelo productivo podemos comenzar por cambiar el modo de producir: las empresas españolas son un pozo de ineficiencia; no somos competitivos y nos lastra la productividad. Hemos de mejorar la capacitación del tornero y también la del CEO. Y resulta absolutamente necesaria la redefinición del papel de los sindicatos y la negociación de los convenios (orientándose hacia la productividad, la competitividad, etc.). En definitiva, un nuevo modelo productivo es necesario, pero una nueva forma de producir es urgente (un nuevo modelo de empresa “e-volucionada”)
La tercera reflexión que el país ha de abordar es la del papel de la función pública. En los últimos años la población española ha crecido un 20% y el número de funcionarios un 100%. En algunas Comunidades Autónomas (como Andalucía o Extremadura) el 30% de la población trabajadora es funcionaria. ¿Necesita España ese elevado porcentaje? Y sobre todo, ¿nos podemos permitir ese lujo? La mejora de la eficiencia de la administración es tan importante como la mejora de la productividad de las empresas.
Y por último, hemos de reflexionar sobre la fragmentación del mercado. Somos poco más de 40 millones de consumidores...distribuidos en 17 micro-mercados. Wall-Mart ha dicho que no viene a España porque no es un mercado, sino 17. Un colega estadounidense alucinaba hace unos meses cuando le contaba los problemas para gestionar un residuo tan simple como el aceite industrial: si estás en Pamplona y tus furgonetas responsables del transporte del residuo están ocupadas, mientras las de Vitoria están ociosas…no puedes dar un telefonazo para que vengan a darte apoyo: no sirven las licencias, el personal no está autorizado, probablemente desconozca los procesos a seguir…. En fin, muchas de las cosas que comentaba en mi post del mes de marzo.
La comisión Europea tampoco lo ve claro
Hoy mismo hemos conocido las previsiones de la CE para España: la economía española se contraerá un 3,7% este año 2009 y seguirá cayendo en 2010 otro 0,8%. A partir de ahí, en 2011, una insignificante recuperación de un 1% (insignificante tras dos años de caída). Según Bruselas en 2011 superaremos el 20% de paro: 1 de cada 5 personas en edad de trabajar no podrán hacerlo. La recesión nos acompañará varios trimestres más y únicamente economías avanzadas como la letona, la lituana y la búlgara tardarán tanto como España en abandonar la crisis.
El déficit público se disparará hasta el 11,2% del PIB este año y se mantendrá en torno al 10% en 2010 debido a la caída de los ingresos fiscales, al aumento de las prestaciones por desempleo y a las medidas anticrisis, mientras que la deuda aumentará del 39,7% en 2008 hasta el 74% en 2011. Ese expectacular incremento pone en riesgo la sostenibilidad a largo plazo de las finanzas públicas.
Bruselas también advierte del riesgo de algunas de las medidas fiscales que se han tomado. La eliminación de devoluciones fiscales (en referencia a los 400 euros) y los incrementos del IVA pueden tener también un impacto negativo en el consumo privado.
Y una vez más llegan del exterior dudas sobre nuestro sistema financiero: Bruselas avisa de un inminente incremento en los impagos de hipotecas que podría poner en riesgo la corrección de las balanzas de los bancos muy expuestos al sector de la construcción, lo que podría tener un impacto negativo en la economía real.
La Comisión subraya que España ha seguido perdiendo competitividad durante la crisis porque los salarios han crecido por encima de la productividad debido a las cláusulas de revisión. Los inadecuados convenios a los cuáles nos hemos referido antes pueden conducir, según la CE, como en el pasado, a un importante aumento del paro de larga duración y reducir el potencial de crecimiento potencial de la economía española.
En resumen, preparémonos para una año muy, muy difícil.
Hace un año Tamames nos habló sobre la crisis y sus efectos; ayer intentamos vislumbrar entre todos una hipotética recuperación.
Doce meses atrás estuvimos al borde del colapso (tras la quiebra de Lehman Brothers el 17 de septiembre de 2008). Pero las medidas adoptadas evitaron la hecatombe: los Bancos Centrales han inyectado liquidez en el sistema, los gobiernos reaccionaron elevando las garantías de los depósitos (evitando que millones de ciudadanos hicieran cola en las entidades bancarias para retirar sus ahorros), se han creado fondos de adquisición de activos financieros dudosos para mejorar la salud de los bancos y se han materializado planes de amortiguación de la crisis (del tipo Plan E).
Hoy se habla de la recuperación de la economía estadounidense, que en el tercer trimestre de 2009 ha crecido un 3,5% (con respecto al tercer trimestres de 2008).
Pero es curioso comprobar cómo esa noticia ha ilusionado más en España que a los propios ciudadanos estadounidenses, muchos de los cuáles ponen en duda la recuperación. En primer lugar hay que tener en cuenta que ese crecimiento se genera comparativamente con un trimestre negro, como fue el tercero de 2008 en Estados Unidos. Además hay que tener en cuenta que buena parte de ese crecimiento se debe a las fuertes ayudas gubernamentales (como el superplan para salvar a la vieja industria del automóvil en Detroit); y todo ello acompañado de un dólar débil que favorece las exportaciones estadounidenses. De ahí que algunos economistas como Paul Samuelson (primer Nobel de Economía, en 1970) avisen sobre la posibilidad de una “W”.
España 2010
Pero, volvamos a España. La situación para 2010 se vislumbra como muy negativa: más que la situación de 2009. Es cierto que el PIB no seguirá sangrando (pero hemos de tener en cuenta que la caída en 2009 ha sido tan importante, que simplemente el hecho de no crecer ya es de por sí altamente preocupante). Las “sombras” de la economía española en el 2010 vendrán de la mano de su sistema bancario, que ya está siendo puesto en duda por cada vez un mayor número de analistas internacionales. Varios son los informes que dicen que los bancos españoles ocultan su tasa real de morosidad (el endeudamiento de los bancos españoles es de 800.000 millones de euros y un 25% del total –unos 200.000 millones- pueden corresponder a activos “dudosos”); por otro lado se comenta que el stock de viviendas sin vender es mucho mayor del que se reconoce oficialmente; y lo verdaderamente cierto es que no fluye el crédito hacia las empresas, autónomos y familias.
Los planes de amortiguación diseñados por el Gobierno (los 8.000 millones del Plan E; los 5.000 millones del Plan E bis; las ayudas a la compra de automóviles…) han generado un efecto (y miles de kilómetros de nuevas aceras) positivo (conteniendo la evolución del paro, manteniendo activas cientos de pequeñas empresas) pero son planes muy débiles, sin fuerza real para dar impulso a nuestra economía y que esta arranque aprovechando la inercia.
El paro es nuestro principal problema. Hace unos meses le preguntaban al Presidente Zapatero si no temía por revueltas sociales en España, con una tasa de desempleo que camina de forma decidida hacia el 20% de la población activa. Su respuesta al periodista fue que viniera a España y caminara por sus calles para que comprobara por si mismo que en España la gente vivía muy bien.
Tal vez eso sea así por dónde camina el Presidente. En ciudades como Madrid, donde se concentran un importante volumen de trabajadores públicos (funcionarios que en ningún momento ven amenazados sus ingresos, que no temen en absoluto perder su empleo) el nivel de consumo sigue siendo aceptable; fluye el dinero, respiran los comercios, funcionan los servicios. Pero en otras ciudades, pueblos y regiones el panorama es realmente desolador. La gente no se ha echado a la calle y la delincuencia no se ha disparado por dos motivos: tenemos un sistema social que permite a las personas seguir viviendo (subsidios de desempleo, sanidad gratuita, educación gratuita…); las familias pueden pagar su alimentación y los niños pueden seguir acudiendo al colegio.
Por otro lado, la economía sumergida sigue funcionando: de los 600.000 cheques ayuda de 400 euros que tenía preparados el gobierno solo se han recogido 30.000. Hay mucha gente que no está dispuesta a realizar un cursos de formación todos los días para recibir esa ayuda….porque sigue haciendo sus chapucitas cobrando en dinero B, echando una mano al cuñado en el taller, al hermano en el bar….
La economía sumergida actúa como amortiguador de la crisis; pero viene a agravar el segundo gran problema de España: la caída de los ingresos públicos pone en peligro nuestro estados de bienestar (la salud y la educación se van a deteriorar; las pensiones no están por el momento amenazadas…pero si son una amenaza: los compromisos que hay que atender en los próximos diez años, si la economía sigue estancada, van a chupar gran parte de los ya de por si débiles ingresos públicos.
En menos de un año hemos pasado de 11.000 millones de euros presupuestados para pagar los subsidios de desempleo a 35.000 millones (o lo que es lo mismo, como dice Tamames, media docena de AVE´s Madrid-Sevilla). Una tasa de paro tan elevada constriñe la capacidad de un país para desarrollar nuevas infraestructuras, modernizarse, invertir en I+D, potenciar sus Universidades, mejorar la sanidad…..
La crisis tiene muchas papeletas para empeorar; la capacidad del Gobierno para seguir actuando tiene un límite; aunque Bruselas nos autorice a seguir teniendo un déficit elevado o a seguir emitiendo deuda, los amortiguadores del Gobierno en forma de estímulos para la economía no tendrán la suficiente fuerza como para reanimar al paciente. Además, si seguimos disparando la deuda, no somos conscientes de una cosa: algún día habrá que pagarla. ¿Cómo?
A lo largo de la historia de España hemos visto desamortizaciones como la de Mendizabal o la más reciente privatización de las grandes empresas públicas que han permitido al Estados reducir su nivel de endeudamiento. Pero ahora, ¿qué nos queda? ¿Cómo vamos a devolver dentro de diez o veinte años nuestra deuda? A las administraciones públicas no les queda nada por vender para hacer caja…salvo, como decía Tamames, las Cajas de Ahorros. ¿Veremos la desamortización de la cajas? La complejidad política que acompaña a estas curiosas entidades (¿de quién son? ¿cuánto valen? ¿quién las controla?) sitúa en un horizonte muy lejano esta posibilidad.
Lo cierto es que mientras vemos como los ingresos públicos se reducen, asistimos a un crecimiento significativo de las partidas presupuestarias para pagar subsidios de desempleo y amortizar la deuda.
Ya es demasiado tarde para las reformas; pero mañana será más tarde aún
Pocos son, y cada vez menos, los que ponen en duda la urgente necesidad de realizar importantes reformas.
La primera la reforma laboral: la única forma posible de recuperar a buen ritmo parte de los empleos perdidos ( y aliviar el presupuesto del Estado permitiendo seguir potenciando la investigación, el desarrollo, la educación, la innovación…). Trabajo estable, indefinido, temporal, precario….Lo que sea pero trabajo. No es el momento para debates sobre la calidad, sino de hablar sobre cantidad. Hacen falta varios millones de nuevos puestos de trabajo.
La segunda reforma va en paralelo: la reforma de la productividad. Cambiar el modelo productivo es necesario (sustituir el ladrillo y la paella por la biotecnología y las renovables). Pero ese cambio supone casi una generación. Mientras cambiamos el modelo productivo podemos comenzar por cambiar el modo de producir: las empresas españolas son un pozo de ineficiencia; no somos competitivos y nos lastra la productividad. Hemos de mejorar la capacitación del tornero y también la del CEO. Y resulta absolutamente necesaria la redefinición del papel de los sindicatos y la negociación de los convenios (orientándose hacia la productividad, la competitividad, etc.). En definitiva, un nuevo modelo productivo es necesario, pero una nueva forma de producir es urgente (un nuevo modelo de empresa “e-volucionada”)
La tercera reflexión que el país ha de abordar es la del papel de la función pública. En los últimos años la población española ha crecido un 20% y el número de funcionarios un 100%. En algunas Comunidades Autónomas (como Andalucía o Extremadura) el 30% de la población trabajadora es funcionaria. ¿Necesita España ese elevado porcentaje? Y sobre todo, ¿nos podemos permitir ese lujo? La mejora de la eficiencia de la administración es tan importante como la mejora de la productividad de las empresas.
Y por último, hemos de reflexionar sobre la fragmentación del mercado. Somos poco más de 40 millones de consumidores...distribuidos en 17 micro-mercados. Wall-Mart ha dicho que no viene a España porque no es un mercado, sino 17. Un colega estadounidense alucinaba hace unos meses cuando le contaba los problemas para gestionar un residuo tan simple como el aceite industrial: si estás en Pamplona y tus furgonetas responsables del transporte del residuo están ocupadas, mientras las de Vitoria están ociosas…no puedes dar un telefonazo para que vengan a darte apoyo: no sirven las licencias, el personal no está autorizado, probablemente desconozca los procesos a seguir…. En fin, muchas de las cosas que comentaba en mi post del mes de marzo.
La comisión Europea tampoco lo ve claro
Hoy mismo hemos conocido las previsiones de la CE para España: la economía española se contraerá un 3,7% este año 2009 y seguirá cayendo en 2010 otro 0,8%. A partir de ahí, en 2011, una insignificante recuperación de un 1% (insignificante tras dos años de caída). Según Bruselas en 2011 superaremos el 20% de paro: 1 de cada 5 personas en edad de trabajar no podrán hacerlo. La recesión nos acompañará varios trimestres más y únicamente economías avanzadas como la letona, la lituana y la búlgara tardarán tanto como España en abandonar la crisis.
El déficit público se disparará hasta el 11,2% del PIB este año y se mantendrá en torno al 10% en 2010 debido a la caída de los ingresos fiscales, al aumento de las prestaciones por desempleo y a las medidas anticrisis, mientras que la deuda aumentará del 39,7% en 2008 hasta el 74% en 2011. Ese expectacular incremento pone en riesgo la sostenibilidad a largo plazo de las finanzas públicas.
Bruselas también advierte del riesgo de algunas de las medidas fiscales que se han tomado. La eliminación de devoluciones fiscales (en referencia a los 400 euros) y los incrementos del IVA pueden tener también un impacto negativo en el consumo privado.
Y una vez más llegan del exterior dudas sobre nuestro sistema financiero: Bruselas avisa de un inminente incremento en los impagos de hipotecas que podría poner en riesgo la corrección de las balanzas de los bancos muy expuestos al sector de la construcción, lo que podría tener un impacto negativo en la economía real.
La Comisión subraya que España ha seguido perdiendo competitividad durante la crisis porque los salarios han crecido por encima de la productividad debido a las cláusulas de revisión. Los inadecuados convenios a los cuáles nos hemos referido antes pueden conducir, según la CE, como en el pasado, a un importante aumento del paro de larga duración y reducir el potencial de crecimiento potencial de la economía española.
En resumen, preparémonos para una año muy, muy difícil.
viernes 23 de octubre de 2009
Día 380: camino del punto de "no retorno"
Hace un año estábamos al borde del colapso. La economía mundial se precipitaba a un oscuro abismo arrastrada por la caída de varias entidades financieras que dejaban a la luz las debilidades del sistema financiero y, por extensión, de todo nuestro sistema económico.
Se vivieron momentos muy tensos. Nunca jamás en los últimos 75 años la economía mundial había estado tan cerca del caos absoluto. Un año después podemos afirmar que (de momento) nos hemos salvado de una buena. Pero las consecuencias del shock del 2008 van a ser muy graves; especialmente para una economía tan débil (como ha demostrado ser) como la española.
De Estados Unidos llegan aires de esperanza; parece también que las locomotoras europeas (Francia y Alemania) comienzan a carburar; y que incluso Japón apunta a la recuperación. La economía mundial ha dejado de caer… aunque eso no signifique que comience a crecer.
Sin embargo, las cosas no apuntan optimismo alguno cuando desviamos la mirada hacia el interior, hacia España. Las consecuencias de la crisis están siendo nefastas: desempleo, ausencia de “locomotoras” que tiren de la economía (el consumo por los suelos, los precios en caída, el sector inmobiliario machacado, el turismo perdiendo fuerza…), un sistema financiero endeudado hasta las cejas (que aún tiene que pagar los excesos cometidos en la época de la burbuja inmobiliaria), una balanza de pagos desequilibrada (un déficit del 6% similar al de Estados Unidos) y un déficit público que es para echarse a temblar.
En todo este año no se ha tomado una sola medida pensando en el futuro; el Gobierno únicamente se ha limitado a parapetar nuestra economía a la espera de que pase el chaparrón, confiando en que el crecimiento de la economía estadounidense, alemana y francesa traccione de nuestra debilitada economía. No se ha sentado una sola base para que podamos crecer pronto. Es más, se han recortado gastos en cuestiones clave para el futuro como la investigación y el desarrollo. Nadie en el Gobierno piensa más allá de lo que les queda de legislatura; nadie piensa cómo se creará empleo, se reducirá el enorme déficit o se pagarán las cada vez más cuantiosas pensiones en el 2019. La miopía cortoplacista del gobernante, su egoísmo (dedico los recursos a evitar que me planteen problemas a mi hoy sin importarme la gravedad de los problemas que se presente mañana – que tendrán que ser resueltos por otros) generará en el futuro inmediato consecuencias tan graves como las derivadas del shock financiero internacional.
Las empresas y las familias nos hemos visto obligadas a ajustarnos el cinturón; hemos tenido que recortar gastos y en muchos casos se están realizando grandes sacrificios, no exentos de dolor (recortes de personal, ERE´s, etc.). El único en este país que no está asumiendo estas responsabilidades es el Gobierno. La austeridad, el control del gasto, repensar una y otra vez las cosas para ahorrar algún euro…son cosas que ocupan a todos…menos a ellos. Todo se soluciona endeudando el país hasta los límites (como si no hubiéramos aprendido los peligros y las consecuencias derivadas de los apalancamientos agresivos).
España se enfrenta a tres grandes problemas:
- Un paro que llegará al 20% en 2010….y que va a resultar muy difícil reducir. Pasará al menos una década para reducirlo a mitad. La factura va a ser muy, muy cara.
- Un sector financiero que sacaba pecho hace poco más de un año (que lo sigue haciendo en algunos casos) y que se tiene que enfrentar en los próximos meses al desafío de la devolución de la deuda acumulada por los miles de millones aportados al boom del ladrillo por un lado, y al aumento de la morosidad por otro.
- Y lo más grave, a la ausencia total de reformas estructurales que soluciones los graves problemas a los que nos tenemos que enfrentar. Paro, déficit, deuda; ausencia de sectores que tiren del carro; productividad por los suelo…. Y ni una sola medida estructural que cambie el estatus quo. El Gobierno no quiere hablar de reformas; y tampoco quieren oír sobre ellas los millones de funcionarios o los millones de personas que siguen teniendo un contrato fijo. Pero mientras no solucionemos el grave problema de productividad (somos demasiado caros produciendo) y los costes salariales sigan creciendo por encima de los de nuestros vecinos…el panorama no mejorará (el ladrillo impedía que muchos vieran este grave problema…pero ahora no tenemos ladrillo….y aún así muchos siguen sin querer ver la realidad). Pero no solo hay que reformar el mercado laboral: hay que potenciar la investigación la innovación, redefinir la función pública, solucionar los desfases del sistema de las Autonomías y sobre todo revolucionar el sistema educativo.
Si nos enfrentamos hoy al problema llegaremos en menos de cinco años….al punto de no retorno.
Se vivieron momentos muy tensos. Nunca jamás en los últimos 75 años la economía mundial había estado tan cerca del caos absoluto. Un año después podemos afirmar que (de momento) nos hemos salvado de una buena. Pero las consecuencias del shock del 2008 van a ser muy graves; especialmente para una economía tan débil (como ha demostrado ser) como la española.
De Estados Unidos llegan aires de esperanza; parece también que las locomotoras europeas (Francia y Alemania) comienzan a carburar; y que incluso Japón apunta a la recuperación. La economía mundial ha dejado de caer… aunque eso no signifique que comience a crecer.
Sin embargo, las cosas no apuntan optimismo alguno cuando desviamos la mirada hacia el interior, hacia España. Las consecuencias de la crisis están siendo nefastas: desempleo, ausencia de “locomotoras” que tiren de la economía (el consumo por los suelos, los precios en caída, el sector inmobiliario machacado, el turismo perdiendo fuerza…), un sistema financiero endeudado hasta las cejas (que aún tiene que pagar los excesos cometidos en la época de la burbuja inmobiliaria), una balanza de pagos desequilibrada (un déficit del 6% similar al de Estados Unidos) y un déficit público que es para echarse a temblar.
En todo este año no se ha tomado una sola medida pensando en el futuro; el Gobierno únicamente se ha limitado a parapetar nuestra economía a la espera de que pase el chaparrón, confiando en que el crecimiento de la economía estadounidense, alemana y francesa traccione de nuestra debilitada economía. No se ha sentado una sola base para que podamos crecer pronto. Es más, se han recortado gastos en cuestiones clave para el futuro como la investigación y el desarrollo. Nadie en el Gobierno piensa más allá de lo que les queda de legislatura; nadie piensa cómo se creará empleo, se reducirá el enorme déficit o se pagarán las cada vez más cuantiosas pensiones en el 2019. La miopía cortoplacista del gobernante, su egoísmo (dedico los recursos a evitar que me planteen problemas a mi hoy sin importarme la gravedad de los problemas que se presente mañana – que tendrán que ser resueltos por otros) generará en el futuro inmediato consecuencias tan graves como las derivadas del shock financiero internacional.
Las empresas y las familias nos hemos visto obligadas a ajustarnos el cinturón; hemos tenido que recortar gastos y en muchos casos se están realizando grandes sacrificios, no exentos de dolor (recortes de personal, ERE´s, etc.). El único en este país que no está asumiendo estas responsabilidades es el Gobierno. La austeridad, el control del gasto, repensar una y otra vez las cosas para ahorrar algún euro…son cosas que ocupan a todos…menos a ellos. Todo se soluciona endeudando el país hasta los límites (como si no hubiéramos aprendido los peligros y las consecuencias derivadas de los apalancamientos agresivos).
España se enfrenta a tres grandes problemas:
- Un paro que llegará al 20% en 2010….y que va a resultar muy difícil reducir. Pasará al menos una década para reducirlo a mitad. La factura va a ser muy, muy cara.
- Un sector financiero que sacaba pecho hace poco más de un año (que lo sigue haciendo en algunos casos) y que se tiene que enfrentar en los próximos meses al desafío de la devolución de la deuda acumulada por los miles de millones aportados al boom del ladrillo por un lado, y al aumento de la morosidad por otro.
- Y lo más grave, a la ausencia total de reformas estructurales que soluciones los graves problemas a los que nos tenemos que enfrentar. Paro, déficit, deuda; ausencia de sectores que tiren del carro; productividad por los suelo…. Y ni una sola medida estructural que cambie el estatus quo. El Gobierno no quiere hablar de reformas; y tampoco quieren oír sobre ellas los millones de funcionarios o los millones de personas que siguen teniendo un contrato fijo. Pero mientras no solucionemos el grave problema de productividad (somos demasiado caros produciendo) y los costes salariales sigan creciendo por encima de los de nuestros vecinos…el panorama no mejorará (el ladrillo impedía que muchos vieran este grave problema…pero ahora no tenemos ladrillo….y aún así muchos siguen sin querer ver la realidad). Pero no solo hay que reformar el mercado laboral: hay que potenciar la investigación la innovación, redefinir la función pública, solucionar los desfases del sistema de las Autonomías y sobre todo revolucionar el sistema educativo.
Si nos enfrentamos hoy al problema llegaremos en menos de cinco años….al punto de no retorno.
martes 8 de septiembre de 2009
Día 330: casi un año de blog y esto solo acaba de empezar
Decidí arrancar este blog hace casi un año, después del verano (el martes 7 de octubre de 2008). Tras casi un año de reflexiones sabemos de de dónde venimos, pero ¿puede alguién saber hacia dónde vamos?
Llevo todo el verano (desde el 10 de junio) sin escribir en el Blog. No es que haya estado tres meses de vacaciones, sino que me he tomado un respiro para coger distancia, aclarar ideas y reflexionar, antes de volver a opinar sobre la crisis. Un alumno me dijo antes de las vacaciones que éstas me vendrían bien y que seguro que al volver no sería tan pesimista.
Siento desilusionarle. Cierto es que durante estos tres meses no he escrito sobre la crisis, pero no he parado de reflexionar sobre ella. He realizado dos viajes a Estados Unidos, por diferentes Estados, y lo que he visto en las calles, en los centros comerciales, conversado con colegas, etc. solo ha servido para reforzar mis pensamientos previos. Lo peor está por llegar.
Antes del verano utilicé la metáfora del ojo del huracán. El riesgo de que la segunda parte de esta crisis sea peor que la primera, es patente (el profesor de New York University, Nouriel Roubini, habla de “double-dip recession”. A pesar de los tres meses de verano, vuelvo a insistir en algunas de las cuestiones que comentaba tiempo atrás. Los verdaderos problemas que han generado esta crisis, no han sido solventados.
Antes del verano el Ministro de Trabajo dijo que en España nunca se llegaría al 20% de paro. Esta semana ha reconocido que superaremos esa cifra. Una vez más (y van unas cuántas) la política del “donde dije digo digo Diego”). Además, tal y como muchos nos teníamos, después del verano nos subirán los impuestos. Pagaremos el pato sobre todo las familias que hemos ido ahorrando unos eurillos, porque parece claro que subirán los impuestos a las rentas del capital.
Tal y como decíamos en junio, esa tasa de paro va a generar unas consecuencias desastrosas para la maltrecha economía española: el consumo, que ahora está por los suelos, descenderá hasta el subsuelo; la tasa de morosidad bancaria seguirá creciendo; la capacidad de los bancos para seguir prestando (y reactivar así el consumo de las empresas y particulares) se mermará aún más.
No se ha tomado ni una sola medida efectiva para solucionar la crisis (nadie plantea serias reformas estructurales) y las que se toman siguen siendo, desde mi punto de vista, las contrarias a las que se debieran tomar. En lugar de recortar gastos y recortar el déficit, se deja que éste cabalgue hasta límites insospechados hace unos años (y cuyas consecuencias pagaremos a lo largo de mucho tiempo). En lugar de estimular el consumo, se opta por la subida de impuestos. Y, de momento, ni una sola medida para atajar el verdadero problema de nuestra economía: su falta de competitividad (algo de lo que muchos llevamos hablando mucho tiempo pero que las cifras reales, distorsionadas por el efecto del ladrillo, no dejaban ver).
La recuperación económica llegará cuando mejore la productividad. Ello puede suponer dos cosas: hacer lo mismo con menos; o hacer más con lo mismo. En el primero de los casos, el problema seguiría siendo el paro. La necesaria mejora de la productividad de nuestras empresas pasaría por optimizar sus recursos y poder hacer lo que se hacía antes de la crisis, pero con menos. El segundo de los casos (el que plantea recuperar los puestos de trabajo perdidos) exigiría hacer mucho más de lo que se hacía hasta la fecha y al mismo tiempo ser capaz de venderlo (con el consumo interno por los suelos y grandes deficiencias a la hora de salir a vender nuestros productos a las economías emergentes que tirarán de la recuperación –China, India…- esta segunda opción queda hoy por hoy muy lejos de nuestro alcance).
El Gobierno prepara una Ley sobre Economía Sostenible. No puedo manifestar mi opinión sobre la misma porque de momento no han dicho nada (o lo poco que han dicho sobre ella equivale a nada). Pero estoy deseando ver qué conejo saca Zapatero de la chistera para conseguir un nuevo modelo productivo para nuestro país que vuelva a generar empleo para las 5.000.000 de personas que antes trabajaban en el ladrillo, el turismo barato, las fábricas de automóviles, de electrodomésticos y otros sectores que han traccionado del empleo en los diez últimos años y que (como avisábamos hace unos años) se han agotado.
O cambiamos el modelo productivo (innovación radical) o nos hemos de acostumbrar a imaginar un país con el 20% de paro para toda la próxima década. Pero un modelo productivo no se puede cambiar a golpe de Ley. ¿Quién cambia el modelo productivo?
Ni los políticos, ni los bancos, ni los sindicatos. Lo cambian esos individuos que tanto han sido denostados este verano: los empresarios. Un nuevo modelo productivo requiere inventar nuevos sectores. Esos nuevos sectores requieren nuevas empresas (competitivas, productivas) que generen nuevos empleos. Y para crear empresas hacen falta empresarios. No solo ellos, pero sobre todo ellos, son los que saben cómo crear ese nuevo modelo productivo. Pero parece que sus ideas no gustan al Gobierno ni a los sindicatos y se les aparta del diálogo social (y algunos además se dedican a menospreciarlos).
Pero no solo hacen falta empresarios; necesitamos nuevos empresarios (con estilos de dirección diferentes, estructuras organizativas avanzadas –innovación en procesos, innovación en relaciones) y personas trabajadoras con nuevas capacidades. Y todo ello no se consigue ni en un año ni en cinco. Precisamos al menos una década. No se puede pasar del ladrillo a la biotecnología en doce meses, ni del chiringuito de playa a los videojuegos en 3D de la noche a la mañana.
El país necesita una innovación radical en todas sus estructuras: desde la educación hasta la política. Cuanto más tardemos en afrontar ese cambio, más sufriremos.
Llevo todo el verano (desde el 10 de junio) sin escribir en el Blog. No es que haya estado tres meses de vacaciones, sino que me he tomado un respiro para coger distancia, aclarar ideas y reflexionar, antes de volver a opinar sobre la crisis. Un alumno me dijo antes de las vacaciones que éstas me vendrían bien y que seguro que al volver no sería tan pesimista.
Siento desilusionarle. Cierto es que durante estos tres meses no he escrito sobre la crisis, pero no he parado de reflexionar sobre ella. He realizado dos viajes a Estados Unidos, por diferentes Estados, y lo que he visto en las calles, en los centros comerciales, conversado con colegas, etc. solo ha servido para reforzar mis pensamientos previos. Lo peor está por llegar.
Antes del verano utilicé la metáfora del ojo del huracán. El riesgo de que la segunda parte de esta crisis sea peor que la primera, es patente (el profesor de New York University, Nouriel Roubini, habla de “double-dip recession”. A pesar de los tres meses de verano, vuelvo a insistir en algunas de las cuestiones que comentaba tiempo atrás. Los verdaderos problemas que han generado esta crisis, no han sido solventados.
Antes del verano el Ministro de Trabajo dijo que en España nunca se llegaría al 20% de paro. Esta semana ha reconocido que superaremos esa cifra. Una vez más (y van unas cuántas) la política del “donde dije digo digo Diego”). Además, tal y como muchos nos teníamos, después del verano nos subirán los impuestos. Pagaremos el pato sobre todo las familias que hemos ido ahorrando unos eurillos, porque parece claro que subirán los impuestos a las rentas del capital.
Tal y como decíamos en junio, esa tasa de paro va a generar unas consecuencias desastrosas para la maltrecha economía española: el consumo, que ahora está por los suelos, descenderá hasta el subsuelo; la tasa de morosidad bancaria seguirá creciendo; la capacidad de los bancos para seguir prestando (y reactivar así el consumo de las empresas y particulares) se mermará aún más.
No se ha tomado ni una sola medida efectiva para solucionar la crisis (nadie plantea serias reformas estructurales) y las que se toman siguen siendo, desde mi punto de vista, las contrarias a las que se debieran tomar. En lugar de recortar gastos y recortar el déficit, se deja que éste cabalgue hasta límites insospechados hace unos años (y cuyas consecuencias pagaremos a lo largo de mucho tiempo). En lugar de estimular el consumo, se opta por la subida de impuestos. Y, de momento, ni una sola medida para atajar el verdadero problema de nuestra economía: su falta de competitividad (algo de lo que muchos llevamos hablando mucho tiempo pero que las cifras reales, distorsionadas por el efecto del ladrillo, no dejaban ver).
La recuperación económica llegará cuando mejore la productividad. Ello puede suponer dos cosas: hacer lo mismo con menos; o hacer más con lo mismo. En el primero de los casos, el problema seguiría siendo el paro. La necesaria mejora de la productividad de nuestras empresas pasaría por optimizar sus recursos y poder hacer lo que se hacía antes de la crisis, pero con menos. El segundo de los casos (el que plantea recuperar los puestos de trabajo perdidos) exigiría hacer mucho más de lo que se hacía hasta la fecha y al mismo tiempo ser capaz de venderlo (con el consumo interno por los suelos y grandes deficiencias a la hora de salir a vender nuestros productos a las economías emergentes que tirarán de la recuperación –China, India…- esta segunda opción queda hoy por hoy muy lejos de nuestro alcance).
El Gobierno prepara una Ley sobre Economía Sostenible. No puedo manifestar mi opinión sobre la misma porque de momento no han dicho nada (o lo poco que han dicho sobre ella equivale a nada). Pero estoy deseando ver qué conejo saca Zapatero de la chistera para conseguir un nuevo modelo productivo para nuestro país que vuelva a generar empleo para las 5.000.000 de personas que antes trabajaban en el ladrillo, el turismo barato, las fábricas de automóviles, de electrodomésticos y otros sectores que han traccionado del empleo en los diez últimos años y que (como avisábamos hace unos años) se han agotado.
O cambiamos el modelo productivo (innovación radical) o nos hemos de acostumbrar a imaginar un país con el 20% de paro para toda la próxima década. Pero un modelo productivo no se puede cambiar a golpe de Ley. ¿Quién cambia el modelo productivo?
Ni los políticos, ni los bancos, ni los sindicatos. Lo cambian esos individuos que tanto han sido denostados este verano: los empresarios. Un nuevo modelo productivo requiere inventar nuevos sectores. Esos nuevos sectores requieren nuevas empresas (competitivas, productivas) que generen nuevos empleos. Y para crear empresas hacen falta empresarios. No solo ellos, pero sobre todo ellos, son los que saben cómo crear ese nuevo modelo productivo. Pero parece que sus ideas no gustan al Gobierno ni a los sindicatos y se les aparta del diálogo social (y algunos además se dedican a menospreciarlos).
Pero no solo hacen falta empresarios; necesitamos nuevos empresarios (con estilos de dirección diferentes, estructuras organizativas avanzadas –innovación en procesos, innovación en relaciones) y personas trabajadoras con nuevas capacidades. Y todo ello no se consigue ni en un año ni en cinco. Precisamos al menos una década. No se puede pasar del ladrillo a la biotecnología en doce meses, ni del chiringuito de playa a los videojuegos en 3D de la noche a la mañana.
El país necesita una innovación radical en todas sus estructuras: desde la educación hasta la política. Cuanto más tardemos en afrontar ese cambio, más sufriremos.
miércoles 10 de junio de 2009
Brotes verdes en el ojo del huracán
Este año la primavera nos ha traído golondrinas, sol, aumento de las temperaturas, polen, alergias y algunos brotes verdes que han desatado la euforia de los optimistas patológicos.
Cierto es que el brutal ritmo de contracción de la economía mundial se ha ralentizado. Pero una cosa es observar a través de la lente de un microscopio el nacimiento de unos pequeños brotes verdes y otra comenzar a preparar la segadora por si acaso.
Por el momento las cifras macro siguen siendo preocupantes; bien es cierto que han dejado de ser catastróficas, pero los índices que nos viene de USA (ventas minoristas, demanda de vivienda, producción industrial…) todavía no son esperanzadores. Si miramos a otras latitudes, el gigante chino sigue sin despertarse y su vecino japonés continúa con encefalograma plano (el FMI prevé una caída de su PIB en 2009 del -7%). La locomotora europea (Alemania) ha metido la marcha atrás y la ferroviaria Merkel no sabe como cambiar la tendencia (previsión del FMI, -6% para este año). Con todo ello el PIB mundial se contraerá un 1,3% este año y vivimos la mayor contracción del comercio mundial (-9%) desde el desembarco de Normandía. A todo esto hay que añadir que estas previsiones del FMI se caracterizan por empeorar de forma progresiva. Por el momento el panorama es horrible; dentro de tres meses tendremos que buscar otro calificativo (y trimestre a trimestre éstos se nos agotan). Porque por el momento solo tenemos clara una cosa: cada nueva previsión ha empeorado la anterior de forma notable.
Aún así hay personas que ven en esta ralentización de la caída una señal de optimismo. Vale; puede supongamos que se haya tocado fondo (que es mucho suponer), pero un brote verde no puede crecer sino desaparecen de su alrededor todas las malas hierbas que impiden su desarrollo. Los optimistas dicen que la economía mundial tocará fondo este mismo año. Pero ese no es el quid de la cuestión. La clave es determinar cuando llegará la recuperación y cuál será su ritmo.
Yo no comparto la descripción que hacen algunos de la actual situación. No estamos en la “estación de los brotes verdes” sino, más bien, en el “ojo del huracán”.
El ojo es un área circular despejada en el centro del huracán. En su seno reina la calma mientras a su alrededor los elementos de la naturaleza desatan su ira.
Tal vez asistamos en los próximos meses a un crecimiento del PIB dinamizado por el largo periodo de descenso del consumo que hemos padecido (la gente tiene ganas) y el espectacular impulso generado por las políticas públicas intervencionistas (los planes de rescate USA, las ayuda al sector de la automoción en Europa, el Plan E en España, etc.) Pero las tormentas no han desaparecido y una vez atravesado el ojo la ya de por si dañada embarcación que representa la economía mundial se tendrá que enfrentar de nuevo con el huracán.
Porque el huracán, a pesar de la falsa sensación de sosiego que se experimenta cuando pasa su ojo, sigue estando ahí. Algunos actúan como el niño que separa su mirada de algo pensando que de esa forma ése algo desaparece. Piensan que si se ignora la crisis ésta desaparecerá. Pero no es tan sencillo ignorar una de las peores recesiones de la historia.
Tampoco podemos obviar que de ninguna de las medidas de política económica que se han adoptado (a pesar de su variedad y magnitud) han conseguido detener la caída (simplemente ralentizarla) y, como comentaba en otros post, el origen de esta gran depresión (el problema con el sistema bancario) sigue sin resolverse. Por si alguno ya no lo recuerda, todo este follón se origina con la valoración de los activos tóxicos. Por el momento no se sabe aún el volumen de los mismos y el problema no tiene visos de resolverse a corto plazo ya que para ello se tiene que recuperar el mercado inmobiliario (para que los activos se saneen).
La segunda fase de la crisis (tras el paréntesis del ojo) tendrá unas consecuencias diferentes, de la misma forma en que son diferentes sus causas. Si en la primera parte del ciclón los vientos huracanados fueron generados por la letal combinación de la explosión de la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera internacional, en esta segunda fase el catalizador de los problemas será el paro.
Entraremos en 2010 con cinco millones de desempleados y una tasa de paro del 20%. Las previsiones para ese año hablan incluso de un 22%. A medida que se vayan finalizando los contratos temporales de la época estival y los de las personas que están cavando zanjas y alicatando paseos gracias a la genial idea del gobierno, el paro (que ha visto como su sangría se ha frenado en el mes de mayo y seguirá así los próximos dos meses) volverá a cabalgar como el quinto jinete de la Apocalipsis amenazando con su guadaña a la maltrecha economía española.
Los primeros en pagar las consecuencias de esa segunda fase de la crisis serán las cajas y bancos. La morosidad, hasta ahora contenida, se desatará. En la primera parte de este sainete el problema para los bancos ha sido la liquidez; ahora le corresponde el turno a la solvencia y a la morosidad. Hasta la fecha los balances de los bancos y cajas han contado con la ayuda de los gobiernos para ir tirando, pero el problema de fondo sigue ahí: España está apalancada. Las deudas de las familias, las pymes, los ayuntamientos….siguen estando ahí. Y mientras no entre dinero en el mercado y España no se desapalanque, los bancos tendrán problemas para prestar, las personas para consumir y las empresas para invertir. Familias y empresas endeudados hasta las cejas que ven por extensión como los bienes comprados mediante los compromisos adquiridos con los bancos, bajan de precio mes a mes (desde las casas hasta los coches).
Muchos ven en la liquidez el maná. Dicen que en cuanto los bancos vuelvan a prestar se solucionarán muchos de los problemas; los precios dejarán de caer, las familias consumirán, las empresas invertirán, el paro descenderá…Cierto. Pero nadie parece responder a la cuestión principal: ¿de dónde van a sacar los bancos el dinero para prestar? Los bancos han salido muy tocados de la primera parte de la crisis…y tan mal parados dudo mucho que sobrevivan (muchos de ellos) a la segunda, una vez abandonemos la calma chicha del ojo del huracán.
La deuda del ladrillo con los bancos (los activos tóxicos made in Spain) es espectacular (un millón y pico de pisos vacíos pueden tardar unos cinco años en ser vendidos). Los bancos y cajas españoles se están quedando con miles de casas, naves industriales, terrenos… para maquillar sus balances ante la imposibilidad de los promotores inmobiliarios de devolver sus préstamos. Una medida a la desesperada que ha sido tomada sin encontrar respuesta a la pregunta: ¿quién va a comprar ahora a los bancos y cajas esos pisos?. Alguna entidad reservó inicialmente esos “chollos” en exclusiva para sus empleados. Al vender únicamente tres apartamentos en la playa y dos plazas de garaje, han empezado a ofrecer sus chollos a sus clientes. Y ni con esas se vende un piso. Por dos motivos: la gente piensa que, a pesar del descuento, el precio de los pisos va seguir bajando; y el que no piensa eso y se decide a comprar, no encuentra un banco que le preste. Como decía anteriormente, la medida a maquillado los balances de los bancos (aunque solo sirva para engañarse a si mismos) y ha sacrificado su liquidez, ya de por sí maltrecha, limitando su capacidad para seguir aportando crédito. No me preguntes qué otra cosa podrían haber hecho los bancos porque no tengo respuesta.
Cinco millones de personas cobrando un subsidio de desempleo van a dejar las arcas del Estado temblando. El déficit fiscal (cada previsión supera a la anterior aunque parezca increíble) puede superar ¡el 10%! La Seguridad Social entrará en déficit dentro de unos meses. Panorama horrible, pero, ¿qué sucederá a medida que esos cinco millones de personas dejen de percibir su subsidio de empleo? La morosidad bancaria se disparará; los conflictos sociales se harán insostenibles (ya está aumentando de forma significativa la delincuencia); veremos manifestaciones violentas (en algunas ciudades, como Vigo, ya están asistiendo al preámbulo), huelgas… El Presidente del Gobierno ya ha dejado claro que nada de esto sucederá: se crearán salarios sociales, se aumentarán los periodos de prestación, etc. El déficit que acumularemos lastrará a nuestro país durante una generación entera y asistiremos a una merma de los servicios sociales que tanto han evolucionado en los últimos lustros: sanidad, educación, cultura, transporte…
No será tan fácil ver como los brotes verdes de la economía española se convierten en capullos (es más probable que se produzca el fenómeno inverso y el rostro de algunos de nuestros dirigentes adquiera la tonalidad del cutis de Shrek ) sin realizar reformas severas (cosa que por el momento nadie quiere mentar) y sin reducir nuestras deudas (cosa que por el momento nadie puede hacer). Seguir pensando que las cosas se van a resolver por si solas es una temeridad. Resulta impopular hablar de reducir salarios, beneficios, pensiones, gasto público… pero una economía estancada (por no decir que se hunde) como la española no aguanta con el peso que le ha echado encima muchos meses más. Las vacas gordas se han ido….y tardarán mucho en volver. Admitir la realidad es el primer paso para poder encontrar soluciones.
El otro día un alumno me preguntó si veo la recuperación de la economía española en el primer o en el segundo semestre de 2010. Le respondí que en el segundo semestre de 2010 estaremos en disposición de decir si la economía española podrá recuperarse (o no) a medio plazo y que en caso de respuesta positiva esa recuperación llegaría en 2015. A unos (los más optimistas) mi respuesta les hizo gracia; a otros (los más pesimistas) casi les hace llorar. Un buen navegante no es aquel que espera a que lleguen vientos favorables, sino aquel que tiene habilidad para navegar ajustándose al viento que venga, con independencia de su fuerza y su dirección. No es cuestión ni de reír ni de llorar, sino de potenciar nuestra destreza como marinos.
Cierto es que el brutal ritmo de contracción de la economía mundial se ha ralentizado. Pero una cosa es observar a través de la lente de un microscopio el nacimiento de unos pequeños brotes verdes y otra comenzar a preparar la segadora por si acaso.
Por el momento las cifras macro siguen siendo preocupantes; bien es cierto que han dejado de ser catastróficas, pero los índices que nos viene de USA (ventas minoristas, demanda de vivienda, producción industrial…) todavía no son esperanzadores. Si miramos a otras latitudes, el gigante chino sigue sin despertarse y su vecino japonés continúa con encefalograma plano (el FMI prevé una caída de su PIB en 2009 del -7%). La locomotora europea (Alemania) ha metido la marcha atrás y la ferroviaria Merkel no sabe como cambiar la tendencia (previsión del FMI, -6% para este año). Con todo ello el PIB mundial se contraerá un 1,3% este año y vivimos la mayor contracción del comercio mundial (-9%) desde el desembarco de Normandía. A todo esto hay que añadir que estas previsiones del FMI se caracterizan por empeorar de forma progresiva. Por el momento el panorama es horrible; dentro de tres meses tendremos que buscar otro calificativo (y trimestre a trimestre éstos se nos agotan). Porque por el momento solo tenemos clara una cosa: cada nueva previsión ha empeorado la anterior de forma notable.
Aún así hay personas que ven en esta ralentización de la caída una señal de optimismo. Vale; puede supongamos que se haya tocado fondo (que es mucho suponer), pero un brote verde no puede crecer sino desaparecen de su alrededor todas las malas hierbas que impiden su desarrollo. Los optimistas dicen que la economía mundial tocará fondo este mismo año. Pero ese no es el quid de la cuestión. La clave es determinar cuando llegará la recuperación y cuál será su ritmo.
Yo no comparto la descripción que hacen algunos de la actual situación. No estamos en la “estación de los brotes verdes” sino, más bien, en el “ojo del huracán”.
El ojo es un área circular despejada en el centro del huracán. En su seno reina la calma mientras a su alrededor los elementos de la naturaleza desatan su ira.
Tal vez asistamos en los próximos meses a un crecimiento del PIB dinamizado por el largo periodo de descenso del consumo que hemos padecido (la gente tiene ganas) y el espectacular impulso generado por las políticas públicas intervencionistas (los planes de rescate USA, las ayuda al sector de la automoción en Europa, el Plan E en España, etc.) Pero las tormentas no han desaparecido y una vez atravesado el ojo la ya de por si dañada embarcación que representa la economía mundial se tendrá que enfrentar de nuevo con el huracán.
Porque el huracán, a pesar de la falsa sensación de sosiego que se experimenta cuando pasa su ojo, sigue estando ahí. Algunos actúan como el niño que separa su mirada de algo pensando que de esa forma ése algo desaparece. Piensan que si se ignora la crisis ésta desaparecerá. Pero no es tan sencillo ignorar una de las peores recesiones de la historia.
Tampoco podemos obviar que de ninguna de las medidas de política económica que se han adoptado (a pesar de su variedad y magnitud) han conseguido detener la caída (simplemente ralentizarla) y, como comentaba en otros post, el origen de esta gran depresión (el problema con el sistema bancario) sigue sin resolverse. Por si alguno ya no lo recuerda, todo este follón se origina con la valoración de los activos tóxicos. Por el momento no se sabe aún el volumen de los mismos y el problema no tiene visos de resolverse a corto plazo ya que para ello se tiene que recuperar el mercado inmobiliario (para que los activos se saneen).
La segunda fase de la crisis (tras el paréntesis del ojo) tendrá unas consecuencias diferentes, de la misma forma en que son diferentes sus causas. Si en la primera parte del ciclón los vientos huracanados fueron generados por la letal combinación de la explosión de la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera internacional, en esta segunda fase el catalizador de los problemas será el paro.
Entraremos en 2010 con cinco millones de desempleados y una tasa de paro del 20%. Las previsiones para ese año hablan incluso de un 22%. A medida que se vayan finalizando los contratos temporales de la época estival y los de las personas que están cavando zanjas y alicatando paseos gracias a la genial idea del gobierno, el paro (que ha visto como su sangría se ha frenado en el mes de mayo y seguirá así los próximos dos meses) volverá a cabalgar como el quinto jinete de la Apocalipsis amenazando con su guadaña a la maltrecha economía española.
Los primeros en pagar las consecuencias de esa segunda fase de la crisis serán las cajas y bancos. La morosidad, hasta ahora contenida, se desatará. En la primera parte de este sainete el problema para los bancos ha sido la liquidez; ahora le corresponde el turno a la solvencia y a la morosidad. Hasta la fecha los balances de los bancos y cajas han contado con la ayuda de los gobiernos para ir tirando, pero el problema de fondo sigue ahí: España está apalancada. Las deudas de las familias, las pymes, los ayuntamientos….siguen estando ahí. Y mientras no entre dinero en el mercado y España no se desapalanque, los bancos tendrán problemas para prestar, las personas para consumir y las empresas para invertir. Familias y empresas endeudados hasta las cejas que ven por extensión como los bienes comprados mediante los compromisos adquiridos con los bancos, bajan de precio mes a mes (desde las casas hasta los coches).
Muchos ven en la liquidez el maná. Dicen que en cuanto los bancos vuelvan a prestar se solucionarán muchos de los problemas; los precios dejarán de caer, las familias consumirán, las empresas invertirán, el paro descenderá…Cierto. Pero nadie parece responder a la cuestión principal: ¿de dónde van a sacar los bancos el dinero para prestar? Los bancos han salido muy tocados de la primera parte de la crisis…y tan mal parados dudo mucho que sobrevivan (muchos de ellos) a la segunda, una vez abandonemos la calma chicha del ojo del huracán.
La deuda del ladrillo con los bancos (los activos tóxicos made in Spain) es espectacular (un millón y pico de pisos vacíos pueden tardar unos cinco años en ser vendidos). Los bancos y cajas españoles se están quedando con miles de casas, naves industriales, terrenos… para maquillar sus balances ante la imposibilidad de los promotores inmobiliarios de devolver sus préstamos. Una medida a la desesperada que ha sido tomada sin encontrar respuesta a la pregunta: ¿quién va a comprar ahora a los bancos y cajas esos pisos?. Alguna entidad reservó inicialmente esos “chollos” en exclusiva para sus empleados. Al vender únicamente tres apartamentos en la playa y dos plazas de garaje, han empezado a ofrecer sus chollos a sus clientes. Y ni con esas se vende un piso. Por dos motivos: la gente piensa que, a pesar del descuento, el precio de los pisos va seguir bajando; y el que no piensa eso y se decide a comprar, no encuentra un banco que le preste. Como decía anteriormente, la medida a maquillado los balances de los bancos (aunque solo sirva para engañarse a si mismos) y ha sacrificado su liquidez, ya de por sí maltrecha, limitando su capacidad para seguir aportando crédito. No me preguntes qué otra cosa podrían haber hecho los bancos porque no tengo respuesta.
Cinco millones de personas cobrando un subsidio de desempleo van a dejar las arcas del Estado temblando. El déficit fiscal (cada previsión supera a la anterior aunque parezca increíble) puede superar ¡el 10%! La Seguridad Social entrará en déficit dentro de unos meses. Panorama horrible, pero, ¿qué sucederá a medida que esos cinco millones de personas dejen de percibir su subsidio de empleo? La morosidad bancaria se disparará; los conflictos sociales se harán insostenibles (ya está aumentando de forma significativa la delincuencia); veremos manifestaciones violentas (en algunas ciudades, como Vigo, ya están asistiendo al preámbulo), huelgas… El Presidente del Gobierno ya ha dejado claro que nada de esto sucederá: se crearán salarios sociales, se aumentarán los periodos de prestación, etc. El déficit que acumularemos lastrará a nuestro país durante una generación entera y asistiremos a una merma de los servicios sociales que tanto han evolucionado en los últimos lustros: sanidad, educación, cultura, transporte…
No será tan fácil ver como los brotes verdes de la economía española se convierten en capullos (es más probable que se produzca el fenómeno inverso y el rostro de algunos de nuestros dirigentes adquiera la tonalidad del cutis de Shrek ) sin realizar reformas severas (cosa que por el momento nadie quiere mentar) y sin reducir nuestras deudas (cosa que por el momento nadie puede hacer). Seguir pensando que las cosas se van a resolver por si solas es una temeridad. Resulta impopular hablar de reducir salarios, beneficios, pensiones, gasto público… pero una economía estancada (por no decir que se hunde) como la española no aguanta con el peso que le ha echado encima muchos meses más. Las vacas gordas se han ido….y tardarán mucho en volver. Admitir la realidad es el primer paso para poder encontrar soluciones.
El otro día un alumno me preguntó si veo la recuperación de la economía española en el primer o en el segundo semestre de 2010. Le respondí que en el segundo semestre de 2010 estaremos en disposición de decir si la economía española podrá recuperarse (o no) a medio plazo y que en caso de respuesta positiva esa recuperación llegaría en 2015. A unos (los más optimistas) mi respuesta les hizo gracia; a otros (los más pesimistas) casi les hace llorar. Un buen navegante no es aquel que espera a que lleguen vientos favorables, sino aquel que tiene habilidad para navegar ajustándose al viento que venga, con independencia de su fuerza y su dirección. No es cuestión ni de reír ni de llorar, sino de potenciar nuestra destreza como marinos.
viernes 22 de mayo de 2009
Día 217:¿Brotes verdes?
En las últimas semanas (en las que he permanecido “callado”) hemos asistido a comentarios de personas que “perciben” indicios de recuperación, ven “brotes verdes” a nuestro alrededor…todo ello aderezado con un Ibex que se sube por las paredes…. He permanecido reflexivo, porque particularmente no percibo esas “señales” de recuperación (o de ralentización de la caída), intentando averiguar qué es lo que otros logran leer entre líneas (o entre cifras) y que yo no consigo atisbar.
Yo sigo viendo el panorama muy, muy mal. Insisto en un comentario que ya he repetido en otras ocasiones: el mal que generó esta crisis (los activos tóxicos) y sus consecuencias todavía no ha sido erradicado. Pronto veremos varios bancos de Estados Unidos tendrán que ampliar capital ¡en grandes cantidades! , tendrán que ser recapitalizados y el pánico volverá a darse un paseo por los parqués. También hemos visto como la agencia Standard & Poor's ha puesto bajo vigilancia “negativa” el rating de AAA del Reino Unido (y nunca hasta la fecha la economía británica ha perdido la máxima calificación crediticia). Y algunos rumores hablan incluso de la economía USA.
Pero lo que más preocupa es lo que está sucediendo en España. La caída del PIB en el primer trimestre de 2009 (un 3%) ha sido brutal (vale….no tanto como en otros países) y las consecuencias las vamos a pagar en los próximos meses. El panorama a medio plazo de los 5.000.000 millones de parados que alcanzaremos en cuanto pase el verano (se acaben de tapar las zanjas de las aceras del Plan E, venzan los contratos temporales asociados a los servicios turísticos, etc.) es desalentador. La rigidez del mercado laboral español de la que llevo tantos años hablando fulmina las esperanzas de millones de personas de volver a encontrar un trabajo en este país en los próximos meses (tal vez años). La obsesiva protección del empleo propugnada por muchos traerá como consecuencia la destrucción de esos puestos de trabajo que se pretendía proteger. Será un efecto boomerang. La crisis ha destruido 2 millones de puestos de trabajo (cuando debiera haber destruido menos de la mitad si atendemos a lo que ha sucedido en otros países de nuestro entorno). ¿Por qué?
Cae un 3% el PIB. Las ventas en muchos sectores han caído un 20% de media: construcción, electrodomésticos, ropa, etc. (algunos, como los camiones, superan el 50%). Es lógico que las empresas tengan que revisar sus previsiones y ajustar sus costes. Menos demanda, menor producción. Menor producción, necesidad de ajustar costes laborales. Necesidad de ajustar costes laborales, prescindir de trabajadores.
Lo lógico sería identificar a las personas menos productivas de una organización. Imaginemos una empresa que, al ver estancada la demanda, tiene que ajustar su producción y ha de recortar 200.000 euros este año en sus costes laborales. La empresa identifica a 4 personas con costes individuales de 50.000 euros al año, que son los trabajadores menos productivos (cobran más que la media…y además producen menos).
Pero, ¡eh aquí el problema! Su indemnización por despido (llevan 15 años en la empresa) es de 100.000 euros por barba. ¡Imposible asumir ese coste!
La situación ha de ser replanteada; en lugar de prescindir de los 4 de 50.000 euros hemos de prescindir de 10 de 20.000€ (las personas que llevan menos tiempo en la empresa, contratos temporales, etc.). Que en muchos casos da la casualidad, son los más entusiastas, los mejor preparados, más formados y más productivos.
De manera que en lugar de destruir 4 puestos de trabajo se han destruido 10. Esto no pasaría si las indemnizaciones por despido no fueran tan elevadas (tal vez además esas personas no serían tan poco productivas; muchas saben que las empresas “no pueden echarles” por qué no hay quien pague esas indemnizaciones; y hay alguno que incluso prefiere que le echen, porque se lleva a cada una buena tajada y de ahí…directo a la jubilación).
Claro está, también podemos ver la botella medio llena en lugar de medio vacía: si no existieran los contratos basura, no se echarían a la calle a esas 10 personas. Pero seamos realistas: si la empresa no puede recortar sus costes laborales ante la brutal caída de la demanda de algunos sectores, estaría abocada a la quiebra. En lugar de 10 se perderían 100 empleos. Y en lugar de 5.000.000 de parados tendríamos 10.
Paradójicamente la excesiva protección del empleo está atentando directamente contra el empleo que se quiere proteger. Esos 5.000.000 de parados que tendremos después del verano provocarán una ralentización de la recuperación de la demanda (menos gente trabajando, menos gente consumiendo) que seguirá obligando a las empresa a recortar empleo…e inevitablemente los siguientes serán los trabajadores con esas cláusulas de “protección” que en este caso, no les protegerán. No les podrán despedir…porque no les pueden indemnizar; pero tampoco les van a poder pagar sus salarios…Y se montará la de San Quintín.
Yo sigo viendo el panorama muy, muy mal. Insisto en un comentario que ya he repetido en otras ocasiones: el mal que generó esta crisis (los activos tóxicos) y sus consecuencias todavía no ha sido erradicado. Pronto veremos varios bancos de Estados Unidos tendrán que ampliar capital ¡en grandes cantidades! , tendrán que ser recapitalizados y el pánico volverá a darse un paseo por los parqués. También hemos visto como la agencia Standard & Poor's ha puesto bajo vigilancia “negativa” el rating de AAA del Reino Unido (y nunca hasta la fecha la economía británica ha perdido la máxima calificación crediticia). Y algunos rumores hablan incluso de la economía USA.
Pero lo que más preocupa es lo que está sucediendo en España. La caída del PIB en el primer trimestre de 2009 (un 3%) ha sido brutal (vale….no tanto como en otros países) y las consecuencias las vamos a pagar en los próximos meses. El panorama a medio plazo de los 5.000.000 millones de parados que alcanzaremos en cuanto pase el verano (se acaben de tapar las zanjas de las aceras del Plan E, venzan los contratos temporales asociados a los servicios turísticos, etc.) es desalentador. La rigidez del mercado laboral español de la que llevo tantos años hablando fulmina las esperanzas de millones de personas de volver a encontrar un trabajo en este país en los próximos meses (tal vez años). La obsesiva protección del empleo propugnada por muchos traerá como consecuencia la destrucción de esos puestos de trabajo que se pretendía proteger. Será un efecto boomerang. La crisis ha destruido 2 millones de puestos de trabajo (cuando debiera haber destruido menos de la mitad si atendemos a lo que ha sucedido en otros países de nuestro entorno). ¿Por qué?
Cae un 3% el PIB. Las ventas en muchos sectores han caído un 20% de media: construcción, electrodomésticos, ropa, etc. (algunos, como los camiones, superan el 50%). Es lógico que las empresas tengan que revisar sus previsiones y ajustar sus costes. Menos demanda, menor producción. Menor producción, necesidad de ajustar costes laborales. Necesidad de ajustar costes laborales, prescindir de trabajadores.
Lo lógico sería identificar a las personas menos productivas de una organización. Imaginemos una empresa que, al ver estancada la demanda, tiene que ajustar su producción y ha de recortar 200.000 euros este año en sus costes laborales. La empresa identifica a 4 personas con costes individuales de 50.000 euros al año, que son los trabajadores menos productivos (cobran más que la media…y además producen menos).
Pero, ¡eh aquí el problema! Su indemnización por despido (llevan 15 años en la empresa) es de 100.000 euros por barba. ¡Imposible asumir ese coste!
La situación ha de ser replanteada; en lugar de prescindir de los 4 de 50.000 euros hemos de prescindir de 10 de 20.000€ (las personas que llevan menos tiempo en la empresa, contratos temporales, etc.). Que en muchos casos da la casualidad, son los más entusiastas, los mejor preparados, más formados y más productivos.
De manera que en lugar de destruir 4 puestos de trabajo se han destruido 10. Esto no pasaría si las indemnizaciones por despido no fueran tan elevadas (tal vez además esas personas no serían tan poco productivas; muchas saben que las empresas “no pueden echarles” por qué no hay quien pague esas indemnizaciones; y hay alguno que incluso prefiere que le echen, porque se lleva a cada una buena tajada y de ahí…directo a la jubilación).
Claro está, también podemos ver la botella medio llena en lugar de medio vacía: si no existieran los contratos basura, no se echarían a la calle a esas 10 personas. Pero seamos realistas: si la empresa no puede recortar sus costes laborales ante la brutal caída de la demanda de algunos sectores, estaría abocada a la quiebra. En lugar de 10 se perderían 100 empleos. Y en lugar de 5.000.000 de parados tendríamos 10.
Paradójicamente la excesiva protección del empleo está atentando directamente contra el empleo que se quiere proteger. Esos 5.000.000 de parados que tendremos después del verano provocarán una ralentización de la recuperación de la demanda (menos gente trabajando, menos gente consumiendo) que seguirá obligando a las empresa a recortar empleo…e inevitablemente los siguientes serán los trabajadores con esas cláusulas de “protección” que en este caso, no les protegerán. No les podrán despedir…porque no les pueden indemnizar; pero tampoco les van a poder pagar sus salarios…Y se montará la de San Quintín.
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